George Harrison:Living in the Material World
Harrison, en un fotograma de 'George Harrison:Living in the material world', de Martin Scorsese. AVALON

Sepultada por el carisma y el talento de Lennon y McCartney y opacada por la simpatía de Starr, la huella del guitarrista principal de The Beatles, George Harrison, es quizá la menos recordada del grupo. Un olvido relativo e injusto: Harrison no solo fue un gran músico, sino también alguien irrepetible por su sensibilidad, solidaridad e independencia.

A punto de cumplirse diez años de su muerte (el 28 de noviembre de 2001, a los 58 años y por un cáncer de pulmón), era hora de reivindicarlo. De ello se ha ocupado Martin Scorsese, legendario cineasta (Taxi driver, Toro salvaje o Uno de los nuestros) y documentalista musical (No Direction Home), que estrena el viernes George Harrison: Living in the Material World.

Entre el cine y la música

Pero Scorsese (que ya rodó en 1978 El último vals, sobre el último concierto de The Band) no es el único autor de prestigio que se ha adentrado en el documental musical. En 1999, Wim Wenders (París, Texas) nos sorprendió con la deliciosa historia de un grupo de músicos cubanos en Buenavista Social Club. Y otros autores como Peter Bogdanovich (Tom Petty and the Heartbreakers: Runnin’ Down a Dream, 2007), Michael Winterbottom (24 Hour Party People, 2002), Julian Temple (The Filth and the Fury, 2000) o Jim Jarmusch (Year of the Horse, 1997) han tomado durante los últimos tiempos el mismo camino.

En el caso de George Harrison: Living in the Material World, hablamos de una obra monumental por su duración (209 minutos), ambiciones (además de ingente material de archivo se entrevista a Starr, McCartney, Eric Clapton, la vilipendiada Yoko Ono o su viuda, Olivia Harrison) y, desde luego, calidad artística, donde música, imágenes inéditas y emocionantes charlas se funden en el revelador resumen de una vida.

Scorsese nos traslada a los orígenes de Harrison. Después, McCartney narra la historia de cómo tres chavales de Liverpool, Paul, John y George, se hicieron amigos y plantaron la semilla de The Beatles. La maduración del grupo, su ascenso a la fama y, por fin, la beatlemanía, ocupan la primera hora y media de, para la prestigiosa revista Mojo, "un épico y digno tributo a la complejidad de un genio". Pero es en las dos horas y media restantes cuando más nos acercamos al ser humano. Tras el adiós de The Beatles en 1970, el delgado y melenudo músico voló en solitario y su talento musical, obvio en temas como Something, While My Guitar Gently Weeps o Here Comes the Sun, se liberó a través de discos magistrales (como All Things Must Pass), el primer recital benéfico de la historia (Concert for Bangladesh, que reunió en 1971 en Nueva York a 40.000 personas) o un grupo, Traveling Wilburys, formado por el propio Harrison, Roy Orbison, Dylan o Tom Petty.

No solo eso: la película explora la curiosa amistad entre Harrison y Clapton (que le robó a su esposa), los peligrosos coqueteos con las drogas (primero marihuana y LSD, después cocaína y heroína) del artista y, cómo no, su largo camino de meditación y misticismo, que no le impidió producir a los Monty Python (en La vida de Brian) pero sí alivió su muerte, y es narrada con tanta emoción que incluso hace llorar al por lo general risueño Ringo Starr.

Para un público amplio

¿Apetitoso, verdad? Sí, tanto para fanáticos de The Beatles y Harrison como para seguidores de Scorsese. Considerados, por lo general, veneno para la taquilla, la ventaja del musical respecto a otros documentales es la posibilidad de llegar a un público más amplio. Por ejemplo, el festival In-Edit, que tuvo lugar en Barcelona entre el 27 de octubre y el domingo no solo fue un éxito de público, sino, y a juzgar por las críticas, también cinematográfico.

No es de extrañar: durante los últimos años algunas de las mejores películas vistas en los cines estaban íntimamente relacionadas con héroes (o, sobre todo, villanos o ángeles caídos) de la música. Hace pocas semanas hemos tenido el ejemplo de Pina, dirigida por el mencionado Wenders y donde el director alemán demuestra que el 3D no tiene por qué ser sinónimo de ruidosos estallidos y efectos especiales y se adentra en la personalidad de Pina Bausch. No arrasó en la taquilla, desde luego, pero sí obtuvo en España unas cifras (casi medio millón de euros de recaudación) más que respetables.

Pina y George Harrison no estarán solas en la cartelera: el jueves llega a los cines Nothing but the beat, que repasa la vida del popular 'llenapistas' David Guetta y, con un poco de suerte, pronto se estrenará también Next Music Station: Morocco, una serie documental rodada por el músico Fermín Muguruza y vista en In-Edit. Spike Jonze ha puesto imágenes a las canciones de Arcade Fire en Scenes from the Suburbs, en Internet circula como la pólvora Lemmy (sobre el líder de Motorhead)... Lo dicho: música y cine se alían en un género al alza.

Dos genios, nuevas ventanas

Una sola sala en España exhibirá la película de Scorsese. Stefan Schmitz (director de Avalon, su distribuidora) lo explica así: "Compramos los derechos hace un año, y hace tres meses vimos que era una maravilla, pero que apenas podríamos estrenarla". En efecto, las exhibidoras la rechazaron por su metraje, pero Avalon decidió apoyarse en otras ventanas, como el VOD (Video On Demand) en Internet y la televisión. Los internautas podrán verla en el portal Filmin por solo 2,95 euros y Canal Plus la emitirá desde el 28 de noviembre, fecha en la que también se lanzará en una edición de lujo (BluRay, varios DVD, CD y materiales adicionales).