'Untitled', New York, 1979–80
Una de las fotos hasta ahora nunca exhibidas de Francesca Woodman Courtesy George and Betty Woodman; © George and Betty Woodman

La prematura y trágica muerte de Francesca Woodman, que se suicidó a los 22 años, saltando de la terraza de un edificio en Nueva York en enero de 1981, explica buena parte del extraño devenir de su obra (sólo conocida de modo póstumo), la mitomanía que persigue al personaje (joven, atrevida, atormentada) y quizá también el extraordinario recelo de sus herederos en exhibirla.

Ahora, coincidiendo con el 30º aniversario de la muerte de la artista, el San Francisco Museum of Modern Art (Sfmoma) exhibe Francesca Woodman, la antología más completa de las fotos, instalaciones y vídeos que dejó la artista a su muerte. La familia Woodman, los padres y hermanos de la malograda fotógrafa, han dado el consentimiento para que salgan a la luz varias decenas de obras nunca antes vistas por el público.

La exposición se inaguró el pasado sábado y permanecerá en la ciudad californiana hasta el 20 de febrero del año próximo. Luego viajará al museo Guggenheim de Nueva York.

Casi la tercera parte de todas las fotos

Francesca Woodman muestra 160 piezas, es decir, casi la tercera parte de las fotos que pasó a papel Woodman en su carrera, unas 500 (dejó también varios miles de negativos, pero se trataba de deshechos que no consideró necesario positivar). Hay ejemplos de todas las series en las que trabajó entre 1976, cuando empezó a considerar las fotos como una forma expresiva, y el trágico final de su vida, solamente cinco años más tarde.

Nacida en 1958 en Boulder-Colorado en una familia de artistas (hija del pintor George Woodman y la ceramista Betty Woodman), Francesca empezó a trastear a los 13 años con una cámara que le regaló su padre.

Tres años después tenía claro que deseaba dedicarse a explorar el medio. Se matriculó en la Rhode Island School of Design, pero se sentía más libre en los bosques o en casas abandonadas, autorretratándose desnuda o en ambientes de turbia amenaza y simbología surrealista.

Jugaba con el vestuario, con espejos y superficies desconchadas, con restos biológicos, papeles troquelados y, sobre todo, con su propio cuerpo, principal soporte y sujeto de su obra.

Después de un año académico en Roma, en 1978 presentó su trabajo de fin de carrera, Swan Song, rompió los moldes un poco más y dejó de enmarcar las fotos, trabajando con copias de dimensiones muy diferentes que colgaba de las paredes.

Cinco metros de alto

A partir de entonces, mientras vivía en Nueva York e intentaba dedicarse a sacar dinero con fotos de moda, experimentó con diazotipos, impresiones azuladas usadas para planos de arquitectura. La exposición del Sfmoma contiene uno de sus últimos proyectos, el monumental Temple (1980), copias de cinco metro de alto de figuras que actúan como cariátides sobre la sala de exposiciones.

Antes de optar por el suicidio (tras una decepción amorosa que culminó en un año de terapia psiquiátrica), Woodman practicó el collage, añadiendo objetos y recortes a las fotos.

Ni una mujer madura, ni una niña inocente.. Su arte era experimental e incompleto La responsable de la muestra, Corey Keller, cree que la obra de Woodman no debe ser juzgada por la edad de la artista, lo que podría llevar al uso de los tópicos de "prodigio" o "insignificancia", sino por su poder. "Ni una mujer madura, ni una niña inocente, sino una persona en ese momento fértil, tumultuoso, provisional que precede a la madurez, practicando un arte interiorizante, experimental e incompleto".