Los rostros del paro: cinco historias con cara de cómo se vive el drama del desempleo

Cinco personas, cinco historias sobre el drama del paro.
Cinco personas, cinco historias sobre el drama del paro.
JORGE PARÍS

El paro subió en el mes de octubre en 134.182 desempleados, según los datos oficiales publicados este jueves por el Ministerio de Trabajo. En total, ya son 4.360.926 las personas que no tienen trabajo en España. La subida de octubre es además la tercera consecutiva tras la de agosto y septiembre y casi duplica la experimentada en octubre del año pasado (68.213 desempleados). Un incremento que podría llegar a rozar los cinco millones de desempleados, como anunció la Encuesta de Población Activa (EPA) la semana pasada.

El propio Valeriano Gómez, ministro de Trabajo, se ha mostrado pesimista al conocer la cifra de personas en nuestro país que carece de empleo. "Los malos datos de desempleo y afiliación del mes de octubre nos retrotraen al inicio de la crisis", ha explicado Gómez, "lo que aleja a España de una pronta salida de la misma, algo que debe preocupar a todos". A pesar de todo, el ministro ha querido recordar que actualmente hay 17.360.313 ocupados, que son necesarios para que el sistema de protección de la Seguridad Social pueda desenvolverse con suficiencia financiera.

Sin embargo, esta explicación no convence a Georgina, que acaba de quedarse sin empleo y con dos hijos a su cargo; o a Patricia, que cansada de no encontrar empleo ha decidido arriesgarse y montar su propio negocio. Tampoco convence a Lola, que ya ha agotado todas las ayudas y prestaciones; ni a David, que con 30 años sigue viviendo en casa de sus padres porque independizarse le resulta imposible. Solo Ana, una joven madre, acaba de entrar a formar parte de esos 17 millones de personas con trabajo. Estas son cinco historias de como viven (o sobreviven) personas afectadas por el drama del paro.

Georgina acaba de quedarse en el paro

Georgina PérezGeorgina Pérez, madre de dos hijos de tres años y 18 meses, trabajaba como cajera para una gran cadena de supermercados hasta que el pasado día 24 de octubre su jefe la despidió. Hacía poco tiempo que Georgina se había vuelto a incorporar a su puesto, tras más de dos meses de baja por depresión, y, como ella misma reconoce, "estaba muy despistada". Su pareja, de origen camerunés, regresó a su país cuando perdió su trabajo, y la dejó sola en Madrid.

Tras quedarse en paro, llegó un momento que tuvo que elegir entre dar de comer a sus hijos y pagar la hipoteca. "Ya he vendido todo lo que tenía dentro", explica con añoranza sobre su "casita de dos habitaciones" en el Barrio de la Concepción de Madrid. En cuanto finalice el papeleo del paro y de la subasta se mudará con sus hijos a Alicante, con su madre, viuda desde hace dos años, y que trabaja en un geriátrico.

Patricia acaba de montar su propio negocio tras 6 meses en paro

<p>Patricia Gómez-Calcerrada</p>Patricia Gómez-Calcerradatiene 29 años y se quedó en paro hace seis meses. Hasta ese momento trabajaba para un gran centro de estética que a su vez proporcionaba servicios a otros centros. Eran 14 personas en la empresa y llevaba allí dos años. Cuando la despidieron "porque no había volumen de trabajo" sintió que se le "caía el mundo encima". En ese momento, toda su familia le animó a lanzarse a vivir su particular aventura empresarial: montar un gabinete de estética.

"Con trabajo todo se saca, es cuestión de luchar por ello", se repite con ilusión Patricia. Con ese espíritu optimista, dio con una peluquería en el Barrio del Pilar (Madrid), y tras hablar con la dueña, decidió alquilar la planta de abajo para montar su negocio. "A la dueña de la peluquería le interesó, porque también era un servicio que ofrecía a sus clientas, y a mí me ayuda porque cuento ya con una clientela", explica.

Lola ya no recibe prestaciones tras más de dos años en paro

Lola HernándezLola Hernándezlleva más de dos años en paro, ha agotado todas las prestaciones y ayudas por desempleo (incluida la de los 400 euros) y su edad, 45 años, le dificulta encontrar un trabajo con un mínimo de estabilidad desde hace más de cuatro años. Sin embargo, las cosas se agravaron cuando su hija mayor y el marido de esta también perdieron su empleo. "Yo necesitaba ayuda y mi hija vino a pedírmela a mí. No podía decirle que no", explica.

Lola tuvo su último trabajo estable en 2008. Durante dos años ejerció como auxiliar de seguridad de un supermercado. Aún se arrepiente de haberlo abandonado por diferencias con uno de los responsables. A raíz de ello encadenó trabajos temporales en una conservera local y en el sector de la ayuda a domicilio, pero asegura no haber trabajado más de una semana seguida desde entonces. "No me importa decir que he tenido que pedir a mis amigos, mis familiares o mis vecinos para sacar a mi familia adelante", asegura.

David lleva tres años alternando trabajos con periodos en paro

<p>David Tauste</p>David Tauste González tiene 29 años y es Licenciado en Sociología. Lleva tres años alternando trabajos de corta duración y meses de paro. Actualmente ya ha agotado la prestación por desempleo y se encuentra realizando un curso del INEM sobre investigación de mercados, trabajos de campo y análisis de datos. "Tengo casi 30 años, tengo pareja y no consigo un trabajo estable. No me puedo independizar, es imposible", explica.

Aunque reconoce que hay personas en situaciones más críticas, a David le cuesta ser positivo: "No parece que esto vaya a mejorar. Creo que va a ir a peor. No se crean puestos de trabajo, solo se destruyen. La situación es malísima, eso se ve en la realidad económica nacional e internacional. Todo sube de precio menos los sueldos y los trabajos son cada vez más precarios", comenta.

Ana acaba de encontrar un empleo tras varios años en paro

Ana MendozaAna Mendoza, de 34 años y madre de dos hijos pequeños, dejó de trabajar hace varios años cuando se quedó embarazada. Poco después del nacimiento del segundo de sus hijos, el marido de Ana, de 44 años, se quedó sin trabajo. "Valentín era transportista y de pronto le echaron", explica. Además, cuando ella trató de volver a incorporarse al mercado laboral, ya era demasiado tarde. "Empezó la crisis y era muy difícil encontrar nada", asegura.

Por suerte, su situación ha mejorado considerablemente. Ana ha encontrado recientemente un puesto de trabajo en la tienda que Adolfo Domínguez tiene en la T2 del aeropuerto de Barajas. "Ahora soy mileurista, como todo el mundo, pero no me puedo quejar, tengo que estar agradecida", reconoce.

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