'Donde se guardan los libros', viaje a veinte bibliotecas ilustres

  • Jesús Marchamalo husmea entre las polvorientas colecciones literarias de Llosa, Reverte, Savater, Gamoneda, Vila-Matas o Marías.
  • Dos decenas de reputadas bibliotecas a través de las cuales el autor describe las filias y las fobias de los propietarios de sus libros.
  • "Quien posee una biblioteca tiene una neurosis, un hábito  inconfesable, una manía", concluye Marchamalo.
"El orden es a la vez el sueño y la pesadilla de todo el que tiene una biblioteca", sentencia el autor.
"El orden es a la vez el sueño y la pesadilla de todo el que tiene una biblioteca", sentencia el autor.
jmarchamalo.blogspot.com

Jesús Marchamalo, autor de Donde se guardan los libros (Siruela), un libro sobre las bibliotecas de veinte escritores, ha dicho que "quien posee una biblioteca tiene una neurosis, un hábito inconfesable, una manía, una peculiaridad en la manera de relacionarse con los libros".

Por eso, ha señalado el autor, "las bibliotecas, cuando se donan, languidecen; mueren con sus propietarios; y por ese motivo tampoco son intercambiables".

Marchamalo ha repasado las veinte bibliotecas a las que ha dedicado este libro, empezando por la de Fernando Savater: "Cuando entré en su casa había un libro en equilibrio inestable, a punto de caerse, y cuando me marché y cerré la puerta oí cómo se cayó el libro".

En la de Clara Sánchez "había un sillón que no sólo era el centro de la biblioteca, sino el centro de la casa", y en la de Arturo Pérez Reverte, "había un kalashnikov y dos libros quemados que se trajo de la Biblioteca de Sarajevo, y eso me dio idea del amor que se puede llegar a tener a los libros".

La de Antonio Gamoneda "estaba en cajas porque había decidido ordenarla, y las cajas iban del sótano, que era el purgatorio, al desván, que era el infierno, en un continuo trasiego de cajas que subían y bajaban".

A la de Enrique Vila Matas llegó Marchamalo "con una idea de lo que debía ser la biblioteca de Vila-Matas según la idea que uno tiene de lo que es Vila-Matas", mientras que en la de Gustavo Martín Garzo comprobó que este novelista "es el único español que después de haberse comprado una bicicleta estática la usa, y pedalea todos los días media hora con estantes de libros a ambos lados".

En la de Clara Janés encontró "historias de juventud, y cómo vivió en una casa repleta de libros en la que, un buen día, detrás de una estantería encontraba una habitación de la que ignoraba su existencia".

En la biblioteca de Juan Eduardo Zúñiga había "una vieja máquina de escribir (la que sale en la portada de la obra), lápices, gafas de cerca y un par de rotuladores; y eso es la literatura, con esas herramientas se construye todo."

Luis Alberto de Cuenca "es el hombre al que sus propios libros le echaron de casa; les ha puesto una casa a los libros y todos los días va un ratito a estar con ellos", mientras que Carmen Posadas "tiene dos tipos de libros, unas ediciones valiosas en vitrina y bajo llave y los mismos títulos en ediciones de bolsillo que son los que lee y maneja habitualmente."

En la de José María Merino hay "un pistolón de la guerra carlista que utiliza como pisapapeles ya que no funciona desde que lo estropeo un visitante patoso que lo estuvo manipulando".

En la de Mario Vargas Llosa "hay un ordenador con un sistema informático que le permite saber en todo momento dónde está cada uno de sus libros, en sus bibliotecas de Lima, Londres o Madrid, y en qué habitación y en qué balda; ese orden, es a la vez el sueño y la pesadilla de todo el que tiene una biblioteca".

Andrés Trapiello "tiene una foto de Juan Ramón y alterna las paredes llenas y las vacías", Soledad Puértolas "tiene las estanterías llenas de fotos de familia y un perro que se come los libros", y la biblioteca de Javier Marías, "al tener libros ingleses en el salón, es de un gran cromatismo y si entrecierras los ojos es como si miraras un paisaje."

Landero "tiene sus mejores libros en el asiento de atrás de su coche porque se los lleva a sus alumnos y se los deja olvidados allí", y Juan Manuel de Prada "es hipocondríaco con los libros viejos por si se contagia de algo".

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