EE UU y la UE: una crisis que afecta a los dos, pero a la que no encuentran respuesta común

  • La UE debe acordar sus medidas anticrisis para calmar a EE UU y el FMI.
  • La Casa Blanca ha presionado a la UE, preocupada porque su economía y la europea están muy interrelacionadas y podrían ser los siguientes.
  • Los expertos piden una política común de UE y EE UU contra la crisis, pero de momento las dos orillas del Atlántico siguen caminos diferentes.
Obama y Merkel, tras una reunión en Washington.
Obama y Merkel, tras una reunión en Washington.
EFE

El destino de la economía en cualquier lugar está ligada al resto del mundo. Es una de las primeras enseñanzas de la economía global y la que se está grabando a fuego con la crisis mundial que sacude el globo desde 2008. Nadie puede estar tranquilo si al vecino le van mal las cosas.

Prueba de ello es la preocupación que la crisis de deuda en la eurozona provoca en el resto del mundo y en EE UU, en concreto, que no ha dudado en presionar a la UE para que tome medidas rápidas para atajar este problema que le salpica. Lo hicieron voces de primer nivel y sin dar lugar a las dudas: el presidente Barack Obama aseguró que las "medidas no habían sido todo lo rápidas que deberían y estaban asustando al mundo"; la secretaria de Estado Hillary Clinton recordó a la UE que frente a la crisis "no hay atajos"; y el presidente de Reserva Federal (Fed), Ben Bernake, aseguró que la crisis de deuda europea estaba lastrando la recuperación mundial. Incluso el Fondo Monetario Internacional (FMI) -una institución donde EE UU tiene mucho poder- aseguró que el "epicentro de la crisis" es Europa.

Realizadas entre finales de septiembre y principios de octubre, estas declaraciones no gustaron a este lado del Atlántico y provocaron unas airadas declaraciones del presidente de la Comisión Europea (CE), José Manuel Durao Barroso, quien aseguró que "me hiere cuando me dicen con consejos paternalistas que hacemos las cosas mal... Gracias por los consejos, pero nos bastamos". Y así siguen las cosas, con EE UU esperando que la Unión Europea tome decisiones este miércoles en Bruselas y las presente en la próxima reunión del G-20 en Cannes la semana siguiente.

Circulo vicioso

EE UU tiene muchas razones para preocuparse por la crisis de deuda europea. Para esa presión a la que somete a la UE puede haber diferentes razones -algunas políticas-, pero la principal es obvia: el dinero. "La banca estadounidense ha prestado mucho dinero a la europea -sobre todo a la francesa y alemana- y en caso de caída, ellos irán detrás", explica Santiago Carbó, Catedrático de Economía de la Universidad de Granada.

Es la prueba de que esta crisis tiene mucho de círculo vicioso. El crédito sin límite y sin garantía se rompió al explotar la burbuja de las hipotecas subprime que desató la crisis en 2008 y la caída de Lehman Brothers. Aquella crisis iniciada en EE UU, se expandió a todo el mundo, incluida Europa. Y en aquel momento era el propio Durao Barroso el que presionaba a EE UU para que tomase medidas.

Para contrarrestrar el inicio de la recisión, los ejecutivos de la UE inviertieron y dispararon su déficit, hasta que se encendieron las alarmas del mercado y se comenzó a dudar de las deudas soberanas europeas. Así que los gobiernos redujeron la inversión y comenzaron a instaurar políticas de austeridad, frenando el escaso crecimiento creado.

"Este mundo es global: el problema era americano, pero Europa había comprado activos allí, y ahora pasa lo mismo, pero al revés: el problema está en Europa, pero EE UU tiene mucho invertido", explica Carbó.

"En 2008, la UE estaba nerviosa cuando empezó la crisis en EE UU y ahora lo estamos nosotros", explica la norteamericana Alana Moceri, profesora de la Universidad Europea de Madrid, analista y asesora del Partido Demócrata, "hay que aceptar que las economías están interconectadas y lo que pasa allí, pasará aquí".

"Hay mucho malentendido, en EE UU no se entiende el sistema de la UE y al revés", analiza Moceri. "En la prensa americana se habla de que Europa está tomándose su tiempo en solventar la crisis, no se entiende que son un grupo de países con una moneda única pero con políticas diferentes", asegura y explica que, "en EE UU tampoco somos muy rápidos, pero la demora está basada en la lucha partidista".

Coordinación

"Las relaciones entre Europa y Estados Unidos son como las de una familia: podemos discutir y no estar de acuerdo, pero estamos juntos, cada vez es más importante que estemos juntos", asegura esta analista norteamericana.

Aunque parece que la realidad es bien diferente. "El problema es que la UE y EE UU están haciendo sus planes contra la crisis sin coordinación. Cuando en Estados Unidos se invierte, por ejemplo con planes de empleo, en Europa se apuesta por la austeridad", explica Carbó.

Una descoordinación que también responde a las diferencias en sus sistemas y situaciones económicas. En EE UU el partido demócrata sigue apostando por ciertas políticas keynesianas -cada vez menos deudoras de esas teorías-, a las que puede recurrir porque tiene un mayor margen de maniobra que una eurozona acosada por los mercados por su problema de deuda.

Habrá que esperar a la próxima reunión del G-20 a ver qué soluciones presenta la UE -si logra sacar alguna de la cumbre de este miércoles- y si calma a EE UU, y si quizá la lucha contra la crisis comienza a llevarse de forma coordinada en los dos lados del Atlántico. Si no, en esta "familia" pueden entrar nuevos miembros algo más lejanos: los países BRIC, que ya se han ofrecido 'a ayudar', o China, con la que la UE busca fecha para un cumbre bilateral y que ya ha comprado grandes cantidades de deuda europea.

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