Recortes prespuestarios
Imagen de archivo de una manifestación contra los recortes educativos en la Comunidad de Madrid. ARCHIVO

Con el comienzo de la crisis, todos los países de la Unión Europea se lanzaron a ajustar sus economías para cumplir con los pactos adquiridos con Europa y ajustar sus déficits. Cuando la crisis arreció y prolongó su fecha de caducidad, los recortes se multiplicaron y los cinturones se estrecharon hasta hechuras de modelos de pasarela.

Hace unos días, el candidato socialista a la presidencia de Gobierno advirtió contra la posibilidad de estar excediéndose con la tijera. Alfredo Pérez Rubalcaba levantó ciertas suspicacias entre sus compañeros de formación al decir que quizá el país se estuviera "pasando en la dosis de ahorro" y austeridad.

Una observación que no es nueva y que llevan haciendo desde hace meses destacados economistas, como el premio Nobel de Economía Paul Krugman, quien hace semanas en su columna de The New York Times hablaba directamente de "sangría", y de los peligros de una austeridad fiscal que pueden comprometer seriamente las posibilidades de recuperación.

Es necesario abrir la barra libre de la financiación, a pesar del riesgo de inflación

En una línea similar, hace semanas el catedrático Rafael Muñoz de Bustillo, en referencia a las durísimas medidas de ajustes aplicadas a Grecia, decía que se estaba corriendo el riesgo de "curar la enfermedad, pero matar al enfermo".

Pero entonces, ¿dónde está la solución? ¿Pueden los recortes salvarnos y hundirnos al mismo tiempo? ¿Puede ser, como dicen Krugman, que la austeridad presupuestaria sea contraproducente incluso desde un punto de vista puramente fiscal?

David Trillo, profesor de Economía de la Universidad Rey Juan Carlos, no duda: "Estas medidas van a ahondar la recesión, todas la políticas que conllevan la reducción del gasto público son contractivas".

Este profesor adscrito a la asociación Econonuestra, que está en proceso de formación y que reúne a un grupo de economistas "heterodoxos", tiene claro que la crisis se originó "por la relajación de la regulación y por la propia avaricia que rompe el saco". Para él los distintos gobiernos han optado por atajar la crisis con las medidas que más se ajustaban a la ideología del mercado libre, "que mira mal cualquier intento de intervención". Así comenzó una crisis de la deuda que ha sido respondida por políticas que han dado "prioridad al control del déficit" a costa de producir una fuerte contracción de la demanda. Para Trillo, la Unión Europea ha tardado en actuar y ser consciente de la gravedad y excepcionalidad del problema.

Para Miguel Ángel Malo, profesor de Economía de la Universidad de Salamanca, "los recortes no son la solución, pero hay que hacerlos" porque todos los países deben cumplir con los compromisos de déficit adquiridos en el Pacto de Estabilidad de la Unión Europea. El problema, según él, "es que todos los países han empezado a hacer recortes a la vez ", por lo que se resienten las exportaciones, que son la alternativa para crecer cuando no hay consumo interno y gasto público. También para Malo ha sido poco realista, "demasiado cercana", la fecha que se puso para que los países volvieran a los niveles del Pacto de Estabilidad (2013).

La economía tiene que tener en cuenta la sociedad

Para Malo el principal riesgo que se corre con la dura politíca de recortes es que "prolonguemos una situación de estancamiento durante bastante tiempo". Malo reconoce que "la principal prioridad" de España es "arreglar las cuentas públicas". Algo que, a medio plazo "será bueno", pero que ahora "crea excesivos problemas". La situación se agrava porque en la Unión Europea ya no hay nadie dispuesto a hacer un esfuerzo en una política más expansiva e inversora. El motor alemán ve que "todos los costes recaen sobre su presupuesto, pero los beneficios recaen en el resto de la Unión", explica Malo.

Repensar Europa

En esta situación de excepcionalidad  -de "Plan Marshall", como dice Trillo- las grandes instituciones europeas, con el Banco Central Europeo a la cabeza, han mostrado sus carencias.

"Cuando cayó Lehman Brothers, el BCE dejó los tipos de interés demasiado altos en comparación con la Reserva Federal americana, y debería haber seguido un poco más la política expansiva de la Reserva", explica Malo. Para este economista "el BCE es demasiado estricto para lo que necesita la UE" y debería tener más referentes, "además de la estabilidad de precios", solo así podrá intervenir a tiempo y "compensar las oscilaciones del ciclo económico".

La actuación ante la crisis ha evidenciado el déficit democrático de las instituciones europeas

En el mismo análisis coincide David Trillo, que extiende sus críticas a otros bancos centrales: "En plena crisis se subieron los tipos de interés". El enfermo agoniza y se le realiza la famosa sangría de la que habla Krugman. Mientras, quienes tuvieron capacidad para intervenir no lo hicieron y dejaron que se siguiera especulando, atacando la deuda soberana de los países europeos periféricos, poniendo en peligro el euro y la propia recuperación de EE UU.

"Es necesario un cambio de mentalidad, un reseteo del ordenador", explica gráficamente Trillo. El Banco Central Europeo debe "lanzar un mensaje de tranquilidad" y "proteger la deuda europea, abrir la barra libre de la financiación, a pesar del riesgo de inflación", pide Trillo, que se lamenta de la "barra libre que sí han tenido los bancos" en una "Europa de mercaderes". "La economía no es algo que se controla desde un laboratorio", reflexiona, pero "tiene que tener en cuenta la sociedad". Trillo invita a una reflexión para que se establezca una verdadera política común, expansiva, que potencie la inversión a nivel europeo y plantee propuestas para salir de una crisis global.

Europa estableció la moneda única, pero se olvidó de establecer una politíca fiscal y monetaria común, coinciden en señalar. Además el modo de actuación de los principales actores de esta crisis ha puesto de manifiesto otro problema: "El déficit democrático de las instituciones europeas", explica Miguel Ángel Malo. "Al final los gobernantes de algunos países votados por sus ciudadanos deciden según sus propios intereses y no miran el interés del conjunto", concluye.