El lehendakari, Patxi López, ha abogado este jueves por lograr en Euskadi "un gran acuerdo para la concordia" basado en el reconocimiento a las víctimas, en una política penitenciaria "flexible" que permita el acercamiento de presos a Euskadi y en el reconocimiento legal de todos los partidos que cumplan la ley.

López ha desgranado en el pleno de Política General su plan de paz y convivencia, en el que ha constatado que el País Vasco vive "un nuevo tiempo" en el que ETA ya no condiciona la vida ciudadana y nadie reivindica la violencia terrorista, ya que incluso los presos de ETA se han sumado al Acuerdo de Gernika.

El Gobierno Vasco impulsará la creación de un Instituto de la Memoria y la Tolerancia En esta nueva situación de fin del ciclo terrorista, el lehendakari ha planteado "un gran acuerdo para la concordia" basado en diez premisas, entre las que figuran elaborar un "relato veraz" de lo ocurrido, el reconocimiento público a las víctimas de terrorismo, la exigencia del final de ETA y la petición a los presos de que rompan definitivamente con la organización terrorista.

Pero también ha propuesto una orientación "consensuada" y "flexible" de la política penitenciaria y facilitar un "acercamiento progresivo" de los presos a cárceles próximas al País Vasco siempre que ello favorezca su reinserción social, además de dar un "reconocimiento legal" a "todas las sensibilidades políticas que aceptan el sistema democrático y asumen el cumplimiento de la legalidad".

Garantizar la tolerancia hacia las posiciones del otro y asumir que el sistema democrático es la "única vía para la convivencia", son otras de las bases de este acuerdo con el que se pretende construir "un país de ciudadanos libres".

Por ello, ha hecho un llamamiento a los reclusos de ETA para que "recuperen su propia voz y den nuevos pasos para acelerar el final definitivo del terrorismo", al tiempo que ha querido dejar claro que la sociedad vasca no debe nada al abertzalismo radical porque aunque haya asumido la legalidad, eso "no les redime de su pasado, eso se lo tienen que ganar".

Con el fin de edificar un futuro en paz, López ha anunciado que el Gobierno Vasco impulsará la creación de un Instituto de la Memoria y la Tolerancia que coordine todas las actuaciones en recuerdo a las víctimas y fomente el relato de lo sucedido.

Año de la Paz, la Libertad y las Culturas

Ese relato se construirá mediante un "consenso social mínimo" sobre la verdad de los hechos que, según el lehendakari, debe separarse de las experiencias vividas, ya que éstas son muy diversas y personales puesto que la visión de los amenazados por ETA, de las familias de los asesinados, de los que fueron torturados o de quienes se refugiaron en el silencio frente a la violencia son "radicalmente diferentes".

La memoria sobre la "verdad" debe basarse en tres ejes: la existencia de ETA y de sectores sociales que le han apoyado, el proceso de transformación del Estado de Derecho desde la dictadura hasta hoy, y el triunfo de la democracia.

Había colectivos que estaban de acuerdo en asesinar para imponer un proyecto político Además de crear ese Instituto de la Memoria, el lehendakari ha adelantado que en 2012 se va a organizar el "Año Internacional de la Paz, la Libertad y las Culturas" con la organización de actividades del mundo del arte, la cultura y el pensamiento, y que la Capitalidad Cultural Europea otorgada a San Sebastián se convertirá en "un instrumento al servicio de la convivencia y la regeneración moral".

Durante su discurso, López ha hecho un repaso a la violencia terrorista que ha vivido Euskadi y ha denunciado la "especial perversidad" de las torturas que "perduraron un tiempo en las estructuras del Estado", así como las actuaciones del Batallón Vasco-Español o el GAL.

Ha recordado también que el problema de los vascos no ha sido sólo ETA sino que "había colectivos que estaban de acuerdo en asesinar para imponer un proyecto político" y además "demasiadas personas" miraban "hacia otro lado" pensando que la amenaza no iba con ellas.

En este panorama, las víctimas, "silenciadas largos años", han sido un elemento clave para extender la deslegitimación social del terrorismo y por ello su memoria, no sólo de las de ETA, sino de las víctimas del GAL y otros grupos violentos, debe ser a su juicio el "principio moral" que garantice un futuro sin totalitarismos.

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