No es el único caso, aunque nuestros vecinos del País Vasco prefieran inventarse batallas en las que tienen todas las de ganar.

Es verdad que si fuéramos en busca del día de mayor importancia simbólica de nuestra historia tendríamos que despojar a España de su fiesta nacional, pues difícilmente hallaríamos otro más brillante –y sobre todo más henchido de futuro– que el del descubrimiento de América, cuyas consecuencias llegan hasta nuestros días, cuando medio continente americano tiene por lengua el español. No cabe duda de que la celebración de la derrota comunera no satisfacía a los nostálgicos del imperio, sin olvidar sus antecedentes liberales e incluso republicanos. Esto da,por tanto, mayor importancia a que, después de treinta años de desencuentros diversos, termine por ser aceptada por todas las fuerzas políticas de la Región.