La pena era la misma que solicitaba la Fiscalía, y en la sentencia quedan probados los hechos que acabaron con la vida de la joven. El acusado mantuvo una relación de noviazgo con la fallecida, pero no fue capaz de asimilar que la relación con la víctima había acabado. El 16 de mayo, la ex pareja se encontró en un pub y, tras la negativa de ella a bailar con él, R. C. F. le asestó cien puñaladas.