Meteorito
Muestra de un trozo de meteorito encontrado en la Antártida, en una imagen de julio de 2004. EFE

Recorren el planeta en busca de fragmentos de materia cósmica que se estrellan contra la superficie la Tierra; son "cazadores" de meteoritos, una tarea a la que se dedican en cuerpo y alma muy pocas personas en el mundo, entre las que figura el leonés José Vicente Casado. "Encontrar meteoritos es mi forma de vivir, ese es mi trabajo", afirma Casado, quien en una entrevista ha querido "desmitificar" algunas de las leyendas que circulan alrededor de estas rocas del espacio.

"La gente ve continuamente meteoritos por todas partes y, además, piensa que son enormes, que nos va a caer uno encima y nos vamos a extinguir", resume. A su juicio, se cree que abundan, pero dar con uno es "algo extraordinario", porque aunque se vea una estrella fugaz en el horizonte y se presuma que está cerca, puede caer a miles de kilómetros.

Casado, que lleva más de quince años "cazando" meteoritos y tiene una colección de aproximadamente 120 piezas, la más completa de España, según puntualiza, comenta que en todo el mundo no habrá más de veinte personas que tengan dicha profesión. Su modo habitual de trabajo consiste en desplazarse a zonas desérticas de África y América del Sur, donde resulta más fácil advertir la presencia de estas rocas "a simple vista", ya que no existe vegetación que las oculte.

Todos los días caen entre 20 y 40 toneladas de polvo cósmico a la superficie de la Tierra

No obstante, también ha encontrado meteoritos en España, como los que halló en la provincia de Palencia en 2004, en una zona de monte y robles, circunstancia que dificultó su búsqueda. El más grande pesaba medio kilo, pero lo habitual es que sean pequeños -explica- porque cuando un meteorito entra en contacto con la atmósfera estalla y provoca una especie de lluvia de piedras.

A este respecto, señala que todos los días caen entre 20 y 40 toneladas de polvo cósmico a la superficie de la Tierra, aunque meteoritos propiamente dichos se calcula que pueden caer unos veinte al año. "Aparentemente son piedras de lo más normales y hay que usar un pequeño microscopio para comprobar si son buenas. Hay veces que creemos que son y no lo son y otras veces ocurre al revés", apunta.

Preguntado por cuánto cuesta mantener esta actividad, subraya que a él y a sus compañeros en las expediciones no les supone un gasto muy elevado porque van "en plan precario" y si es necesario no dudan en dormir una noche al raso. Las piezas recogidas por Casado son usadas en exposiciones o donadas a institutos científicos para su estudio, lo que, en sus palabras, puede acabar teniendo incluso "más valor" que el que se obtendría por venderlos.

Una de dichas exposiciones comenzará la próxima semana en el Museo de la Siderurgia y la Minería de Castilla y León (MSM), con sede en Sabero (León), donde se mostrarán algunos ejemplares y se explicarán cuestiones como la formación y evolución del sistema solar y el surgimiento de la vida. Mañana, Casado impartirá una conferencia en el MSM, en la que dará algunas pistas de cómo seguir el rastro de estas rocas que, según recalca, "todo el mundo quiere encontrar".