Parábola

Todos conocen a León, pero ¿quién conoce a Soraya? Sólo León.
León llega a un charco, se para, estando en pie, y mira dentro. ¿A quién ve? A Soraya. Esto le alegra y, loco de alegría por Soraya, León se mete en el charco, con los pies dentro del agua de tal manera que ésta le empapa los zapatos, mientras Soraya le mira sorprendida, ¿qué pretende León?, se pregunta.Seguramente, se responde ella misma, echarle una mano al cuello. Pero, a veces, León se queda al borde un ratito y se dobla sobre el agua para ver si se ahoga ella sola. Soraya también le ve a él. León no dice nada, apenas mira un poco inclinado hacia abajo, sin sonreír porque Soraya tampoco sonríe. Eso le preocupa porque Soraya le conoce, de la misma manera que él conoce a Soraya. Tal vez grite: «Ni un minuto de cancha, compañera», o tal vez no, cuando por fin se meta de un salto, salpicándose los pantalones y se hunda,  ¿quién sabe?, sin poder evitarlo. Apuesto que entonces ella, Soraya, ni siquiera se dará cuenta.
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