De una orilla a otra, en bote por la ría
Unas 2.000 personas utilizan a diario el bote para cruzar la ría entre Portugalete y Las Arenas. G. A.
Los primeros botes que se dedicaron a cruzar a personas de una margen a otra de la ría de Bilbao datan de hace más de dos siglos, de 1757. Esta tradición, que tuvo su auge durante el siglo pasado, en los años gloriosos de Altos Hornos de Vizcaya y de la Naval de Sestao, corre peligro de desaparecer. El cierre de la fábrica de Barakaldo y la crisis de la Naval no han hecho más que agravar el problema. El servicio es cada vez menos utilizado y, según los propios boteros, «no tiene futuro».

Actualmente, sólo hay botes en dos puntos de la ría: entre Erandio y Barakaldo y entre Portugalete y Las Arenas. Aunque lo que realmente les ha hecho daño, dicen, es la Línea 2 del Metro de Bilbao. «No sabemos qué puede pasar cuando el Metro llegue a Portugalete», explica Javier Amorós, botero que hace el recorrido entre esta localidad y Las Arenas. Hijo, hermano, sobrino y primo de boteros, Javier asegura que es una bonita tradición, «y muy familiar», pero no desea que su hijo tome su relevo: «No creo que al negocio le quede mucho tiempo de vida, aunque yo sí espero jubilarme aquí».

Los que utilizan a diario este servicio tampoco ven con muy buenos ojos que llegue a su fin. Antonio Peña, jubilado de 75 años, explica que lleva muchos años yendo de Las Arenas a Potugalete en el bote. «Sería una pena que dejara de existir, porque forma parte de la imagen de la ría y de nuestra cultura», señala.

A pesar de que el negocio no marcha viento en popa, cada día lo utilizan unas 2.000 personas. «Sobre todo llegan en las horas punta de ir y venir del trabajo», apunta Yolanda, que se encarga de cobrar el billete de 0,25 céntimos que cuesta cada viaje. Los días que se nota una mayor afluencia de gente son los jueves, día de mercado en Portugalete. Pero es en los días de vacaciones cuando llegan los mejores clientes: «Los niños, que vienen acompañados por sus aitites; les encanta».

Cuando el puente se estropea

Una de las principales quejas de la Agrupación de Boteros es la falta de ayuda por parte de las instituciones. «Nadie se acuerda de nosotros, excepto cuando se estropea el Puente Colgante; entonces sí que somos necesarios». Creen que las administraciones públicas deberían tomar cartas en el asunto para evitar su desaparición. Su petición se extiende también a los clientes: «Tienen que ayudarlos, porque hay familias enteras viviendo de este negocio», expresa un hombre que lleva «toda la vida utilizándolo».

Javier Amorós Botero, 43 años. «El bote es una tradición muy arraigada en mi familia. Yo antes era pastelero, pero no tenía vida y decidí seguir el camino de mi padre; y ya llevo diez años. Es un trabajo duro, porque somos pocos y metemos muchas horas».

Carmen Pinedo Administrativa, 57 años. «Yo suelo venir a Portugalete todos los jueves por el mercado, y siempre utilizo el bote porque me pilla justo al lado de casa. Si desapareciera, iría al Puente Colgante, pero no me haría mucha gracia».

Dorkaitz San Millán Empresario, 28 años. «Lo cojo muy a menudo. Vivo en Portugalete y utilizo el bote siempre que voy a Las Arenas para coger el Metro. Lleva tantos años aquí que no estaría bien que lo quitaran. A mí me fastidiaría bastante».