Pueblos indígenas
Un miembro del pueblo originario Parakana, en la Amazonía brasileña. ARCHIVO

Para el viajero que no quiere ser turista al uso cada vez existen más posibilidades. Entre ellas está la estancia en comunidades indígenas. Estos viajes han surgido al calor de la popularización del ecoturismo y de las propuestas de viaje "responsable".

El propósito es conocer el hábitat y la cultura de comunidades como los huaorani en la selva amazónica, los inuit en Canadá o las tribus himba en Namibia.

El director de turismo responsable de la agencia independiente Viajes Responsables explica que esta propuesta aún está "arrancando" en España y que la demanda aún es pequeña debido, fundamentalmente, a la crisis y al elevado precio de los vuelos.

Acercamiento o conocimiento

Dependiendo de la comunidad elegida y del interés que muestren los turistas, existen distintos niveles de contacto con la población indígena; por ejemplo, en Bolivia los viajeros pasan hasta cinco noches con la comunidad Challa en la Isla del Sol, con la que comen, duermen y van de caza.

"En este viaje, el turista vive en las mismas condiciones que los indígenas, pero también depende de los participantes del programa, ya que algunos piden más implicación que otros", ha señalado Tuduri.

Otras estancias ofrecen condiciones más confortables, como los huaorani en Ecuador, en los que el viajero realiza una serie de recorridos interpretativos sobre su forma de vida y se aloja en cabañas acondicionadas con varias habitaciones.

Indígenas de Quebec

Y más aún en Canadá, donde Quebec ofrece la posibilidad de una estancia con los pueblos indígenas. Una oportunidad única para entablar contacto con comunidades que buscan conciliar sus modos de vida ancestrales y las exigencias de la vida moderna norteamericana.

Quebec cuenta con once naciones indígenas, distintas que viven en 55 diferentes localidades. A excepción de las localidades nórdicas, se puede acceder a estas comunidades por carretera, así éstas vivan en un medio costero, forestal, rural o urbano.

Son sólo algunas de entre muchas posibilidades. El perfil del turista que busca conocer comunidades indígenas es el de una persona joven, entre 20 y 40 años, que viaja en solitario o con su pareja, y con un interés auténtico por conocer nuevas culturas.

El dilema de los pueblos indígenas

Pero la posibilidad del turismo indígena abre un dilema. ¿Puede una comunidad servirse del turismo sin por ello perder su esencia? Hay ejemplos de pueblos determinados a este respecto. Las comunidades indígenas de la Sierra Nevada (Santa Marta, Colombia) han tomado la decisión, de no permitir asentamientos o infraestructuras turísticas, dentro de su territorio.

Quieren conservar su espacio vital, como su hogar, donde a veces se puede recibir alguna visita, con autorización previa (es decir, pidiendo el permiso correspondiente, al igual, que cuando un desconocido, llama a nuestra casa).

Otro caso similar es el de los Ticunas, en la Amazonia colombiana, que han decidido, excluir a su ciudad Nazareth, del tráfico turístico, ya que su conclusión, es que el balance final de esta actividad, es mucho mas negativa que positiva, no percibiendo los beneficios que supuestamente debe traer el turismo.