La Puerta del Sol y el Congreso
A la izquierda, una de las muchas asambleas celebradas en la Puerta del Sol de Madrid. A la derecha, una sesión parlamentaria en el Congreso de los Diputados. AGENCIAS

El debate del pueblo, las asambleas de barrio o las comisiones de trabajo son solo algunos de los ejemplos de participación ciudadana que ha dejado el movimiento 15M en los últimos dos meses y que muestran, según los expertos, el auge de un comportamiento cívico que viene fraguándose desde los últimos años.

"La gente tiene derecho a decirle a los políticos lo que piensa mucho más a menudo que una vez cada cuatro años", aseguran desde la plataforma Democracia Real Ya (DRY), uno de los colectivos que integra el movimiento de 'indignados' que tomó las plazas el pasado mes de mayo.

Se busca que no sean los grandes partidos los que manden de manera sorda en los ciudadanos Consideran que medidas como la reforma de las pensiones o la aprobación de la Ley Sinde, que afectan de manera directa a la vida de los ciudadanos, deben someterse a votación popular a través de consultas obligatorias y, sobre todo, vinculantes, lo que les ha llevado a incluir entre sus principales demandas la organización de referendos.

No es, ni mucho menos, la única propuesta en este sentido, pues también contemplan, por ejemplo, la puesta en marcha de iniciativas legislativas populares, a las que, eso sí, habría que cambiar el número de firmas necesarias y su campo de actuación (solo pueden hacerse para sugerir nuevas leyes o modificar leyes existentes), o la puesta en marcha de la llamada "Democracia 4.0.", que busca hacer posible el voto directo en el Congreso de manera electrónica.

Todas ellas, advierten, están encaminadas a que "no sean los grandes partidos los que manden de manera sorda a los ciudadanos, sino que sean los ciudadanos y movimientos cívicos de todo tipo quienes decidan cómo se tienen que hacer las cosas".

Participación vinculante

El caso de DRY es solo un ejemplo de cómo ha brotado la participación en los últimos meses, una tendencia latente durante casi una década, con especial ímpetu en los últimos tres años, según cuenta el experto en participación, Julio Andrade, quien además es vicepresidente en funciones de la Comisión de Participación y Gobernanza de la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP).

Ahora no hay Ayuntamiento que se precie que no lleve a cabo políticas de participación Al echar la vista atrás, rememora que en el 2003 en Málaga, donde ejerció como concejal de participación ciudadana, apenas existían en el Ayuntamiento organismos o departamentos encargados de gestionar la implicación de sus habitantes en la vida del municipio, una realidad muy alejada de la actual.

"Ha sido un fenómeno que ha evolucionado mucho en los últimos tres años y que ha pasado a ser incluso mediático, de manera que ahora no hay Ayuntamiento que se precie que no lleve a cabo políticas de participación y que no las considere esenciales", asegura.

Reconoce que "a prácticamente todos los políticos les gustaría saber qué opina la mayoría de los ciudadanos, porque eso les respaldaría en la toma de decisiones", pero puntualiza que la recogida de opiniones debe ser responsable y un municipio no puede arriesgarse, por ejemplo, a tener que cuestionarse la anulación del resultado de una consulta por una participación insuficiente que no representa al conjunto de la sociedad.

Dilemas como este sobre consultas populares, o aspectos relativos a voluntariados, instrumentos como los presupuestos participativos o, incluso, el desarrollo de reglamentos marco de participación, conforman la larga lista de tareas que lleva a cabo la Comisión de participación ciudadana de la FEMP.

Andrade, que ha estudiado con detalle la evolución de la participación ciudadana en los últimos años, explica que la esencia de las demandas actuales de mayor participación radica en que hasta ahora se ha promovido una participación de tipo "consultivo". Sin embargo, lo que se pide ahora es que sea "vinculante".

Asegura, además, que se ha producido un aumento de la participación individual en paralelo a una disminución de la implicación en asociaciones, porque estas "también han sufrido una crisis democrática, igual que las administraciones, y ha habido ciudadanos que se han erigido en representantes de sí mismos".

Del mismo modo, el movimiento participativo se ha ido "tematizando" en los últimos años y ha tendido a centrarse en aspectos muy concretos, desde medio ambiente, hasta juventud o inmigración; por eso, la clave está en canalizar toda esa información e incorporarla a la gestión municipal, opina.

Sin embargo, ante la imposibilidad física de que todos los habitantes de un municipio, bien de forma colectiva o individual, acudan ante el alcalde o el concejal de turno a exponer sus propuestas, Andrade apuesta por las nuevas tecnologías para integrar a los ciudadanos en la gestión municipal.

Más recuerdos y mejores condiciones

Es precisamente el ámbito local donde, a juicio de otro experto en participación ciudadana, el profesor titular del Departamento de ciencia política y sociológica de la Universidad Carlos III de Madrid Julio Alguacil, se desarrollan mejor los mecanismos de participación, lo que hace necesario un incremento de la capacidad financiera para estos entes locales y mayores competencias políticas.

Los partidos se han convertido en estructuras del siglo pasado, no reflejan ni representan a la estructura actual "En el caso español, los municipios están considerados como un tercer nivel de la Administración, por detrás de Estado y Comunidades Autónomas, por lo tanto tienen una financiación muy débil que les impide articular redes de participación", argumenta.

Todo ello a pesar de que cada vez hayan adquirido mayores competencias en materias como inmigración, educación o salud, que, sin embargo, no les corresponden, asegura Alguacil, quien añade que sin más recursos no se pueden transformar los territorios en lugares adecuados para promover la participación.

Considera, además, que las asociaciones, colectivos u otras organizaciones son vitales para la vida democrática, porque "los partidos se han convertido en estructuras del siglo pasado que representan a grandes bloques sociales, pero no reflejan ni representan a la estructura actual, enormemente fragmentada".

Además de más recursos para los ayuntamientos, Alguacil precisa que se necesita un cambio en las condiciones de vida de las personas, porque participar requiere tiempo y además es necesario que quien decida implicarse con su entorno lo viva como algo útil y gratificante, "algo que las sociedades actuales no ofrecen".

Ciudadanos en los partidos

Tras el 15M, la participación ciudadana también se ha colado en los partidos políticos, ya que en formaciones como Izquierda Unida han decidido abrir su programa electoral a las propuestas de todos aquellos miembros de la sociedad civil interesados en participar.

Hay que permitir que la gente pueda discutir sobre el programa electoral de un partido El impulsor de la iniciativa es José Luis Centella, quien asegura que se trata de un "instrumento de participación social", encaminado a ahondar en los cambios que necesitan los instrumentos clásicos de participación, "porque hay que permitir que la gente pueda discutir sobre el programa, sobre sus representantes y ejercer el control sobre ellos".

Precisa que no habrá participantes de primera y de segunda, ya que todos los que tomen parte tendrán el mismo nivel de participación y derecho y estará basado en dos pilares, el método asambleario y el debate en las redes sociales.

Puntualiza que esta iniciativa surge para "recuperar los orígenes" de IU, como nexo de unión entre la Administración y los movimientos de la sociedad civil, y se defiende de cualquier crítica de oportunismos al argumentar que la iniciativa fue presentada dos semanas antes de la cita electoral del pasado 22 de mayo.

No obstante, reconoce que su evolución ha estado marcada por el espíritu del 15M, que, desde su punto de vista, ha hecho un claro llamamiento a la política y a los políticos para que escuchen a los ciudadanos.

También el PSOE ha decidido incluir a un tercio de no militantes en su próxima conferencia política prevista para el otoño, en la que prepararán su programa para las próximas elecciones generales.