Movimiento 15-M
Asistentes a una asamblea en la plaza de Sol, en Madrid. REUTERS/Susana Vera

El próximo 23 de julio el movimiento 15-M volverá a materializarse una vez más como gran colectivo ante la opinión pública y los medios de comunicación. Será en Madrid y será también la prueba palpable de la metamorfosis del Yes we camp y del éxito de la llamada marcha popular indignada, que desde el 20 de junio comenzó a recorrer el país.

Lo que queda de las acampadas originales, como asentamientos físicos, es residualLo que queda de las acampadas originales, como asentamientos físicos, es residual: este miércoles, el último gran símbolo de resistencia que se situaba en la Plaza de Cataluña de Barcelona iba perdiendo forma tras un acuerdo con el Ayuntamiento y un pequeño conato de permanencia por parte de algunos disconformes, que fue finalmente desmantelado durante la madrugada del miércoles al jueves por la Policía.

Horas antes, 30 personas desalojaban sus tiendas frente al consistorio de Zaragoza después de un ultimátum de las autoridades, aunque la ocupación posterior de un edificio y la intervención de las fuerzas de seguridad provocaron otro choque, aunque sin incidentes ni detenciones. Valencia es el otro foco informativo de la semana: este jueves han anunciado desde allí que las comisiones de la acampada de la plaça del 15 de maig han optado por abandonar el emplazamiento físico y coordinarse por Internet. Eso sí, "docenas de indignados" han decidido quedarse indefinidamente.

Pamplona, Santander, Sevilla, Bilbao y otras tantas ciudades se han levantado en las últimas semanas. Muchas de forma gradual. También Madrid, que trasladó su protesta estática -algunos no querían irse, tal y como quedó patente en la última gran asamblea general, la que tomó la decisión de desalojar- a la localidad de Rivas Vaciamadrid, donde han plantado unas diez tiendas.

Por otra parte, otras acampadas como Tenerife también se han diversificado temporalmente con una rama itinerante que recorre los pueblos de la isla -su propia marcha por la dignidad-, y la mayoría, aparte de aquellos que han decidido resistir, ha querido dejar en las plazas tomadas desde el 16 de mayo puntos de información visibles e incluso, como se explicó en su día desde Palma de Mallorca, hasta la biblioteca o el huerto.

Actividad diaria intensa

Las asambleas periódicas, otro de los símbolos del movimiento, se siguen celebrando en todas las localidades, tanto en el ámbito de las comisiones como en el general, así como actividades diarias y actos de protesta puntuales, como el que tendrá lugar en Málaga el próximo 15 de julio.

De hecho, en Madrid, desde este miércoles y durante dos días se está desarrollando un debate alternativo al del estado de la nación que se ha celebrado en el Congreso de los Diputados, dividido en este caso en las áreas de economía, política, derechos sociales y ciudadanía. El miércoles, asimismo, se convocó un acto espontáneo en solidaridad con Grecia y su situación económica crítica.

La manifestación del pasado 19 de junio marcó un punto de inflexión muchas de las acampadas. Ya se estaba gestando la marcha popular indignada, concebida "como una extensión" del 15-M y que el día 20 de junio comenzó su andadura con la primera ruta, la Este, que partió desde Valencia. Ya se han sumado las ciudades gallegas (Santiago, Vigo, Pontevedra, Ourense, A Coruña), Barcelona, Bilbao, Cádiz, Málaga, etc., y entre todas pasarán de la veintena.

El objetivo fundamental del 15-M es el de no parar, el de transformarse y seguir siendo un movimiento activo, sea con el formato que sea y diversificándose: los barrios de las ciudades están siendo una fuente de actividad importante. De hecho, el calendario de movilizaciones se renueva prácticamente a diario y para los próximos meses hay convocadas algunas de impacto internacional, como la del 15 de octubre.