Patrick Hennessey en Afganistán
Patrick Hennessey durante su servicio militar. P.H. (cedida por Los libros del lince)

"Hay ocho talibanes muertos; lo celebramos con una estupenda lata de salchichas de frankfurt". Quién escribe eso es Patrick Hennessey en el El club de lectura de los oficiales novatos. O cómo matar el tiempo mientras se hace la guerra (Los libros del lince, 2011).

Hennessey ha dado la campanada literaria al contar, una vez dejado el ejército, cómo fue la experiencia militar -brutal, aburrida, divertida- en Irak y Afganistán del soldado británico más joven en llegar a capitán, con 25 años.

Este universitario, que cambió las clases por las armas por aburrimiento y para probarse así mismo, decidió unir las influencias de sus dos abuelos -un militar de carrera condecorado en el Desembarco de Normandía y un catedrático universitario objetor- para relatar su carrera militar. "Solo me entristece pensar que ninguno de los dos vivió lo suficiente para leerlo", confiesa a 20minutos.es.

Existe algo potencialmente adictivo en las descargas de adrenalina de las operaciones militaresAdemás de talibanes muertos y salchichas en el relato de Hennessey hay una intrincada mezcla entre juventud y madurez, aburrimiento y entretenimiento, entre vida y muerte. Entre los recuerdos de combates salvajes contra la insurgencia afgana se entremezclan series de televisión (24, Anatomía de Grey), libros, comida y música rap. Sorprende la cantidad de referencias al ocio. "En la guerra la gente encuentra tiempo para lo que más le gusta hacer, aunque probablemente en las actuales hay menos tiempo para relajarse que en ninguna guerra anterior", responde él.

Este exoficial de los granaderos recuerda con sorna su duro entrenamiento en la Academia de Sandhurst -"espero que se note que mis críticas son afectuosas", asegura-, su tranquila estancia en los Balcanes, su tenso pero ocioso servicio en Irak y su infernal y violenta misión en Afganistán.

Sus descripciones de los combates en el avispero asiático son tensas, durísimas y muy vivídas. No teme, incluso, retratarse a sí mismo como un adicto a la adrenalina. "No creo ser un adicto al riesgo, pero tengo que admitir que existe algún elemento potencialmente adictivo en las descargas de adrenalina que se producen cuando uno participa en ciertas operaciones militares", razona Hennessy. "Lo que he tratado de transmitir es por un lado la potencia de esas descargas y por otro, explicar que, en cualquier profesión en la que te preparas para ser muy activo, todos los largos periodos de inactividad te parecerán siempre aburridos o frustrantes".

Irak y Afganistán merecían ser ayudados para liberarse de Sadam y los talibanesTrasmite el sufrimiento ante un compañero caído, pero a la hora de explicar qué siente al matar a otro la frialdad es patente. "Tuve la fortuna de que jamás me encontré en ninguna situación en la que me cupo la menor duda respecto a que la violencia en aquel momento y situación era necesaria. En las situaciones en las que hay que decidir entre “o ellos o nosotros”, uno no tiende a lamentarse por haber actuado así", argumenta.

Hennessey, ya civil, estudia derecho y quiere especializarse en asuntos referentes a conflictos. Con eso y su servicio en Irak y Afganistán pone a tiro la pregunta sobre su opinión sobre las dos polémicas guerrras. Rechaza comparar ambos conflictos, pero asegura que las razones por las que se fueron a Irak fueron "como mínimo, descabelladas". Sin embargo, "si me pregunta si los pueblos de Irak y Afganistán merecían ser ayudados para liberarse del yugo de un dictador represivo como Sadam o de la tiranía teocrática medieval impuesta por los talibanes, me gustaría responderle con mucha claridad: sí, estoy absolutamente de acuerdo con que merecen esa ayuda".

Crítico con la labor de los periodistas de guerra -"aunque reconoce la dificultad de su labor"-, militarista, culto y ocasionalmente políticamente incorrecto, Patrick Hennessey ha entrado, además de la historia militar de su país, en la lista de soldados que desde los tiempos de Temístocles llevan narrando la guerra desde la experiencia propia.

Otros escritores soldado del siglo XX

Robert Graves. El mítico autor de Yo, Claudio narró su brutal experiencia como fusilero del ejército británico durante la Primera Guerra Mundial en Adiós a todo esto. La sordidez de las trincheras, los muertos y el desgaste emocional y física de la contienda ocupan más de la mitad de esta autobiografía.

Gustav Hasford. Un marine de los EE UU que semi noveló su experiencia en Vietnam en The Short-Timers. Este relato les valió al periodista Michael Herr y a Stanley Kubrick para llevar al cine la guerra traumática por antonomasia para el país de las barras y estrellas en La chaqueta metálica.

Anthony Swofford. Otro marine norteamericano que contó en Jarehead (Cabeza de tarro, mote de los marines) su experiencia bélica en la primera Guerra del Golfo. Su historia fue llevada al cine en 2005 por el director Sam Mendes.

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