Arcos de la Frontera
Inconfundible, sobre la cumbre y la ladera de una peña.

Sobre la cumbre y la ladera de una peña, junto al margen derecho del río Guadalete, aparece con su peculiar silueta Arcos de la Frontera, localidad gaditana de singular belleza, que ha sido evocada por artistas de la talla de Pío Baroja, Azorín,  Jorge Guillén, Dámaso Alonso y Gloria Fuertes. Fuente de inspiración de pintores, escultores, escritores, cantaores y fotógrafos, ha sido conocida como la “ciudad de los poetas”.

No sólo sorprende su perfil cuando se circula por la carretera de Patera y Alcalá de los Gazules, o la de Algar y el Bosque, o por el acceso desde Jerez, sino que también se puede admirar la campiña y el río que se abre a sus pies desde el interior de sus calles, recorriendo el paseo de Boliches o la calle Peña Vieja, o desde los miradores de la Peña, de Abades y de San Agustín, así como desde las torres de San Pedro y Santa María.

Conociendo su esencia

Si bien Arcos despierta un importante interés arqueológico, fue durante la época romana cuando experimenta la máxima ocupación del territorio. Posteriormente, los musulmanes configuraron el trazado de sus calles, el alcázar militar, sus murallas y los molinos.

Hay que descubrirla sin prisas, adentrándose en sus laberínticas callejuelas y empinadas cuestas, curioseando sus patios, explorando barrios y rincones árabes y judíos, renacentistas, románticos y dieciochescos; para terminar el día disfrutando del atardecer desde alguno de sus miradores.

Antes de adentrarse de lleno en el Conjunto Histórico-Artístico que compone, la parte exterior merece ser descubierta. Aquí se encuentran la calle Corredera, a cuyos lados se levantaron en su día molinos aceiteros y que se dice estuvo cubierta de espesos castañares; y la iglesia de San Miguel, antigua fortaleza musulmana y que hoy es un salón de conferencias y exposiciones. Otro de los templos que se encuentra en esta zona es la iglesia de San Francisco y, en el Barrio Bajo, el convento de la Caridad, un conjunto de estilo colonial.

En el interior del recinto monumental, singulares callejuelas como la calle Maldonado, la cuesta de Belén y de Socorro, o calle nueva, antiguo foso del castillo hasta que un terremoto en 1755 desploma la muralla, se entremezclan con palacios (palacio del Conde de Águila, palacio del Mayorazgo…) y casas señoriales. Sólo se conserva una puerta del antiguo recinto amurallado de la ciudad, la de Matrera, que comunica el casco antiguo con el Barrio Bajo. Y en la calle Nazaríes se encuentran algunos restos de la muralla árabe (del siglo XI).

Dos son las iglesias por excelencia de esta parte de la localidad. De un lado, la Basílica Menor de Santa María de la Asunción. El coro y el órgano de esta enorme mole están considerados de los mejores de Andalucía. Cerca de aquí, el castillo Ducal, antiguo alcázar en la época musulmana, con cuatro torres almenadas en sus esquinas. La iglesia de San Pedro es también de gran importancia. Se trata de una edificación aislada, levantada en la parte central de una plataforma que se eleva unos dos metros sobre el nivel de la calle.

Y entre los conventos, el de la Encarnación, las Mercedarias y San Agustín, cuyos religiosos enseñaban Gramática, Arte y Filosofía a principios del siglo XVIII.

De ruta por los alrededores

Una vez en Arcos, no se puede perder la oportunidad de disfrutar de las numerosas posibilidades que ofrecen sus alrededores, un espacio natural de gran importancia por su riqueza ecológica y la diversidad de recursos tanto naturales como turísticos. El Parque Natural de Grazalema, con su bosque de pinsapos (único en Europa Occidental), es una de las principales señas de identidad del entorno.

Varios son los recorridos que se pueden realizar. Probablemente, el más conocido es la “Ruta de los Pueblos Blancos”, un ejemplo claro de la arquitectura típica de la zona, de casas encaladas y un enmarañado entramado de callejuelas, castillos e iglesias medievales. También es posible contemplar los toros de distintas ganaderías y profundizar en este mundo gracias a la “Ruta del Toro”, que partiendo de Arcos y Jerez llega hasta el Campo de Gibraltar.

Por su parte, la “Ruta del Vino” propone una visita a las bodegas de Jerez, centro mundial del “sherry”, Sanlúcar de Barrameda y el Puerto de Santa María, para conocer cómo se elaboran artesanalmente estos vinos.

Por último, para aquéllos que quieren acercarse hasta el mar, la “Ruta de la Costa”. Además de la mencionada Sanlúcar, desde donde contemplar la desembocadura del río Guadalquivir, merecen una visita los pueblos pesqueros de Barbate y Zahara de los Atunes, y las ruinas romanas de Baelo Claudia, a escasos kilómetros de Tarifa.