Acampada en la Puerta del Sol
La acampada en la Puerta del Sol, a primera hora de este lunes. JORGE PARÍS

Se cumplen quince días del campamento de 'indignados' en la Puerta del Sol. Dos semanas en las que la céntrica plaza madrileña se ha convertido en un símbolo de la protesta contra la crisis y la gestión que de ella han venido realizando los políticos. Un periodo en que, para muchos, la ilusión por el cambio ha dado ejemplo al resto de ciudades españolas e incluso europeas, pero también un tiempo que, para otros, "ha ido diluyendo" los objetivos iniciales del movimiento.

Y es que el idealismo predominante en los primeros días en el campamento de Sol ha ido cediendo terreno a la realidad. "Los principales problemas se están registrando a nivel de infraestructuras y de convivencia", resume a 20minutos.es una de las participantes en la acampada. Estos son algunos de los conflictos que, tras la decisión de mantener la acampada tomada en asamblea este domingo, hacen pensar en la necesidad de proceder a una reestructuración de la misma, como propusieron este domingo algunas de las comisiones.

Inseguridad. Son muchos los carteristas que aprovechan la "aglomeración de gente concentrada en la plaza y el clima de buen rollo" para hacer su agosto, según explica Pablo Gómez, portavoz de la comisión de comunicación. A pesar de la mediación e intervención de la comisión de respeto, también se han producido, según ha podido saber 20minutos.es, enfrentamientos entre colectivos de 'punkies' y 'latin kings'. "El otro día le intentaron cortar el cuello a uno", cuenta uno de los participantes en la acampada.

Estos incidentes son protagonizados, según los 'indignados', por gente ajena al movimiento que "no tienen ningún tipo de interés en esto y se acercan a por comida gratis", denuncia Pablo. "A veces incluso llegan a vender esa comida que han conseguido gratuitamente", añade. Para evitar a los 'oportunistas', el movimiento está barajando restringir la comisión de alimentación y limitar los repartos de comida exclusivamente a los acampados y a los integrantes de las comisiones y grupos de trabajo.

Drogas. Los estupefacientes también han llegado a #acampadasol, donde se han dado casos de venta de heroína, porros y ansiolíticos, según fuentes de la comisión de respeto. "Hemos llegado a tener a una mujer con sobredosis", informan desde esta comisión.

No podemos mantener comida perecedera con este calor Infraestructuras. Los acampados reconocen el riesgo del cableado eléctrico que están utilizando y la necesidad de buscar una alternativa al suministro. "Apagamos los generadores cuando llueve, pero hay que encontrar soluciones", subraya Pablo Gómez. También ligado a la electricidad se encuentra la refrigeración de la comida donada. "No podemos mantener comida perecedera con este calor", aseguran los organizadores, que siguen pidiendo alimentos que no requieran frío.

Cansancio. Tras dos semanas durmiendo al raso el cansancio empieza a hacer mella. Por ello, algunos han propuesto rotaciones para permitir que las energías puedan renovarse constantemente. "Hay cansancio físico, pero eso no es motivo para abandonar el campamento", asegura María, que compagina la acampada con las prácticas en una empresa.

Centralización. Los acampados son conscientes de que Sol "se ha convertido en un símbolo de la protesta" pero señalan la necesidad de que con el tiempo el movimiento se descentralice y se extienda al resto de plazas. "El centro de la lucha son las asambleas, no Sol", insisten los acampados.

Simplemente en recoger el campamento se tardaría unos días Posible desalojo. "Las autoridades policiales se han comprometido a mantener contacto con nosotros hasta el martes, a partir de entonces no sabemos lo que puede ocurrir", explica Pablo Gómez, de la comisión de comunicación. El temor a una posible intervención policial ha crecido en los últimos días, después de que el consejero de Presidencia, Francisco Granados, pidiera el desalojo de los acampados porque "la situación ha degenerado y se ha quebrado el Estado de Derecho". "Simplemente en recoger el campamento se tardaría unos días", subraya una joven acampada en la plaza, que opina que “sería necesario hacer un inventario y una gran recopilación de todas las actas para que eso no se perdiese en caso de desalojo”.

Quejas de los comercios de Sol. El temor a una intervención policial se acrecienta también con las protestas de los comerciantes de la zona de Puerta del Sol piden a la Delegación del Gobierno que "mueva ficha" para acabar con una acampada que, según subrayan, ha supuesto la caída del 70% de la facturación.

Asambleas multitudinarias. Las reuniones de los acampados suman cada vez más adeptos. Sin embargo, lo que en principio debería ser un punto positivo, símbolo de un creciente apoyo al movimiento, ha hecho que la toma de decisiones se convierta en una suerte de misión imposible. "Es muy difícil llegar a consensos en asambleas en las que participan 3.000 personas, pero me consta que hay mucha gente luchando por lograr un consenso de mínimos", señala Juana, que acaba de abandonar la acampada por motivos personales.

"Mi opinión es que se está diluyendo el objetivo final", agrega. Esta carencia de consenso hace también que cada vez sea más difícil acordar propuestas concretas. Así pudo comprobarse este domingo cuando la asamblea decidió continuar con la acampada, pero sin fijar la fecha ni el modo en que ésta deberá desmantelarse.

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