Javier Reverte: "Mi vocación verdadera era ser explorador"

  • Una crónica viajera y un viaje al pasado es parte de lo que nos ofrece Javier Reverte en su última obra 'En mares salvajes. Un viaje al Ártico'.
  • "Me aburre estar quieto y repetir las ceremonias de la vida cotidiana", asegura.
El escritor Javier Reverte.
El escritor Javier Reverte.
AGENCIAS

Lleva años instalado en los primeros puestos de la literatura de viajes. Su último periplo, En mares salvajes. Un viaje al Ártico (Plaza&Janés), es la última hazaña de este viajero que se hizo escritor porque no podía ser explorador.

Lo peor y lo mejor de este viaje...

Lo peor, volver, y lo mejor, ir. No hubo nada malo, lo pasé muy bien. Es un paisaje tan distinto a lo que yo conozco que lo mejor fue la sorpresa. Es un mundo que has visto en televisión, pero que no has sentido, y viajamos con los sentidos. Somos viajeros sensuales, no basta con la vista.

¿Lo más duro?

Pues no ha sido un viaje duro... No hubo incomodidades ni peligro. He pasado más dificultades de mochilero por África.

¿Qué le gustaría que encontrara el lector en este libro?

Que le entretuviese pero también que le hiciera reflexionar, y que le emocionase, porque eso también es fundamental. El arte se dirige directamente a las emociones. En ese sentido escribo, otra cosa es que me salga....

¿Viajes pendientes?

Muchos y no me a dar tiempo a hacerlos todos. Me encantaría hacer uno por todo México. Es un país surrealista... tan trágico y cómico a la vez...

¿Y lugares a los que nunca querrá viajar?

Hay sitios a los que no voy a ir, porque no me interesan. Yo no viajo para poner chinchetas en un mapa o para decir luego que he estado en tal sitio o en tal otro. Vietnam, Tailandia no me interesan nada por ejemplo. Y hay sitios, como Viena, en los que he estado, y que no me gustan nada. Tampoco la capital de Creta, salí escapado de allí. Con las ciudades me pasa como con el amor, hay gente muy guapa que no me atrae. Atenas tampoco me gustó mucho. Ni muchos lugares de EE UU, Chicago no me acaba de llenar.

¿Nunca vuelve a un lugar en el que ha estado?

No, me aburre lo muy conocido, me gusta la sorpresa. Tengo nostalgia de lo que no conozco. Lo que más me aburre es estar quieto y repetir las ceremonias de la vida cotidiana. Si fuera así en el amor, sería insoportable.

¿Escribe mientras viaja?

Viajo con cuadernos pequeños y voy tomando nota. Por la noche lo paso y voy dando cierto estilo, pero no siempre acaban en libro. Estuve en Irlanda y no escribí nada y eso que me fascina.

¿Dónde se ha sentido más libre?

En el río Yukón. En 100 km a la redonda no había nadie, y en esa circunstancia me siento muy libre. En la ciudad no suelo sentirlo. Aunque soy bastante libre, me lo curro mucho. El precio de la libertad es la eterna vigilancia.

¿Imaginó alguna vez que habría un día en el que viviría de sus libros de viajes?

Nunca pensé ser escritor de viajes. Y tengo vocación de escritor desde los diez años. Antes quería ser explorador, y a los 9 años intenté escaparme al monte para ponerme a prueba. Mi padre me pilló y ya no me fugué. Y me quitaron la idea de sere xplorador, me diejron que todo estaba ya explorado, así que desistí de aquello y decidí que quería ser escritor. Porque también es una manera de arriesgarse. ¿Qué referentes tiene de la literatura de viajes?

Pues no soy lector de literatura de viajes. Es un género que me gusta mucho escribir pero no leer. Mis referentes son literarios, generales, como Greene, Cervantes, Rilke... Y además creo que no debo leer literatura de viajes.

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