El llamado Movimiento del 15 de mayo que en esta semana ha concentrado a miles de personas en diferentes ciudades de España ha marcado el discurso y la estrategia de los partidos en la recta final de campaña electoral e incluso ha creado incertidumbre sobre cómo puede influir en los resultados del 22 de mayo.

La campaña comenzó dominada por el enfrentamiento entre PP y PSOE por la decisión del Tribunal Constitucional de autorizar a la coalición abertzale Bildu y se vio interrumpida llegando a su ecuador por el terremoto de Lorca —en el que murieron 11 personas—. En su recta final, la magnitud de las manifestaciones de los 'indignados' han descolocado a los partidos, que se han visto obligados a hacerles un hueco en sus mensajes.

El PP, convencido de que esos descontentos no están entre sus electores potenciales, trata de que la indignación se vuelque contra el PSOE; los socialistas, conscientes de que muchos descontentos son de izquierda, se mueven con cautela para no dar la sensación de que instrumentalizan la protesta y han optado por recordarles que el voto es la herramienta del cambio en la democracia.

La abstención de los 'suyos' era ya lo que más temía el PSOE desde el inicio de la campaña y todos sus mensajes se han centrado en movilizarlos para "frenar" a una derecha que, a su juicio, no merece ganar nada por la actitud "obstruccionista" que ha mantenido en la gestión de la crisis.

Aunque a principios de semana el PP se mostraba cauto a la hora de valorar las acampadas en Sol y en otros puntos de España, al final salió a la palestra con un mensaje de respeto y comprensión a los concentrados y achacándolo a la situación de indignación que hay en la sociedad española por las políticas de Zapatero. El líder del PP, Mariano Rajoy, ha pedido el voto para "cambiar" a un Gobierno "incompetente" que "no ha estado a la altura".

El PP admite que es una incógnita la dimensión real de este movimiento y qué efectos tendrá a largo plazo, pero considera que el grueso de los manifestantes son votantes de izquierdas y que, por lo tanto, a quien más perjudica es al PSOE, que puede ver ahí una fuga de voto hacia la abstención.

Los 'populares' han denunciado los intentos del PSOE de querer atraerse a su bando el voto de los "indignados" cuando, según resalta, es el principal causante de la crisis. Sin embargo, el partido de Rajoy tampoco ha desaprovechado la oportunidad de trasladar a los desencantados que votar al PP es la opción válida en este momento para cambiar las cosas.

El pp demanda un adelanto electoral

Por eso, en esta recta final de campaña los cargos del PP han repetido hasta la saciedad que hay que ir a votar este domingo y respetar las reglas de juego de cualquier democracia. Los 'populares' confían en que el resultado electoral del 22 de mayo fuerce un adelanto de las elecciones generales, ya que creen que sería "incomprensible" que con cinco millones de parados ganara el PSOE, en palabras del vicesecretario de Comunicación, Esteban González Pons.

Plantear el 22-M como una antesala de las generales era la estrategia inicial del PP, pero el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, ha dejado claro que no habrá adelanto electoral sea cual sea el resultado el domingo.

El PSOE ha querido hacer una campaña centrada en cada territorio, pero con el mensaje común de que un Gobierno del PP no habría evitado la crisis, pero sí recortado la protección social. Según el PP, en cambio, el discurso del miedo a la derecha ya no cala en la sociedad española.

La palabra "bellacos" abre un rifirrafe dialéctico

De hecho, los mítines de Rajoy —que ha recorrido todas las comunidades— se han centrado en defender que el PP sería mejor gestor en esta situación económica. Además, las palabras de Zapatero en Santander, el 10 de mayo, asegurando que miente como un "bellaco" el que diga que su Gobierno ha hecho recortes sociales, ha dado munición al PP en todos sus actos electorales, principalmente a Rajoy, que se ha servido de esta expresión para interactuar con su público y recordar que Zapatero es el responsable de los recortes sociales y la alta tasa de paro.

Zapatero, por su parte, está en su último año como presidente del Gobierno y, pese a reconocer ante los suyos que ha tenido que tomar decisiones difíciles, está reivindicando su legado de subida de las pensiones mínimas, aumento de las becas, aprobación de las leyes de dependencia e igualdad y creación del permiso de paternidad.

Los ex presidentes en campaña

En esta campaña han tenido bastante protagonismo los ex presidentes del Gobierno, que han realizado varios mítines por toda España. Aznar, con un mensaje más duro que el de Rajoy, ha centrado sus discursos en la necesidad de que gane el PP para abrir "cuanto antes un nuevo ciclo de prosperidad en España".

La presencia de Bildu en las instituciones también ha marcado casi todas sus intervenciones, mientras que Rajoy apenas ha dedicado tres mensajes a este asunto con la idea de que, aunque al PP no le gusta el fallo del Tribunal Constitucional, hay que respetarlo.

En la noche electoral, el foco estará puesto en la presidencia autonómica de Castilla-La Mancha, y las ciudades de Barcelona y Sevilla, tres plazas que adquirirán un valor simbólico en el resultado de los comicios. Esta campaña ha contado además con el factor atípico de que el presidente del Gobierno y líder del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, no volverá a ser candidato en 2012.

La corrupción ha quedado un poco aparcada en esta campaña. Tanto Rajoy como Zapatero han visitado Valencia y ambos han llenado la Plaza de Toros. El líder de los 'populares' protagonizó allí junto a Francisco Camps uno de sus mítines centrales de campaña, donde dijo al presidente de la Generalitat que cuenta con su "apoyo y amistad sincera".

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