Acampada Sol
Cientos de personas amanecían este miércoles en la madrileña Puerta del Sol. Pablo Talamanca / EFE

Las acampadas surgidas tras la manifestación del 15-M contra la gestión de los políticos y la banca se extienden por toda España. Este movimiento social ha puesto su horizonte temporal en el domingo 22 de mayo, día de las elecciones municipales y autonómicas. Sus impulsores han pedido a la ciudadanía que ese día actúe "en conciencia".  La movilización se autodefine "apartidista" y "espontánea" y no pretende "captar sufragios, sino hacer una llamada al ejercicio del voto responsable". Pero, con las elecciones a la vuelta de la esquina, ¿cómo se protesta en las urnas?

No es lo mismo castigar a un partido, que votar contra todos los partidos que protestar contra el sistema En la Puerta del Sol madrileña, donde un millar de personas ha pasado la segunda noche al raso, los portavoces del movimiento 15-M dejan claro que ellos no piden la abstención el 22-M. Aseguran, una y otra vez, que no se sienten “representados” por los políticos actuales, pero defienden que cada cual es libre de decidir si vota y si lo hace “nulo, blanco o a cualquier partido”, informa Marta Bac.

La catedrática de comunicación política María José Canel desgrana para 20minutos.es las diferentes fórmulas que existen en nuestro sistema electoral para ejercer un voto protesta, aunque puntualiza que primero que hay que tener claro contra qué se protesta. "No es lo mismo hacerlo contra el partido que votamos habitualmente, que contra todos los partidos -si se considera que ninguno lo hace bien- o que contra el sistema -si se piensa que no arbitra una buena forma de organización".

Votar a otro partido

Si estamos decepcionados con nuestro partido de siempre, lo más habitual es votar a otro partido, aunque la abstención también se utiliza. La alternancia de gobiernos (municipales, regionales o generales) es la muestra de que muchas personas han dejado de votar lo que votaban. Lo más habitual en la historia de las elecciones generales españolas es, según María José Canel, el trasvase de votos del PP al PSOE y viceversa. Por regiones, en Cataluña, por ejemplo, ha habido baile de votos del PP a CIU, del PSOE a CIU o, más recientemente, de CIU a Esquerra, al PSC o a la abstención.

Votar en blanco

El voto en blanco consiste en ejercer el derecho al voto pero sin meter nada en el sobre y en el caso del Senado sin candidatos seleccionados con aspas. "Eso significa que ninguno de los partidos me gusta. Ejerzo. No estoy contra el sistema porque participo, pero ninguno de los que se presentan me gusta", explica la catedrática de comunicación política.

Históricamente se reconoce el voto en blanco como una forma activa de protestar contra los partidos, no contra el sistema. Pero, ojo, el voto en blanco es válido y se computa. Por tanto, tiene un efecto directo y matemático a favor de los grandes partidos y en detrimento de los pequeños. En nuestro sistema electoral sólo obtienen representatividad los partidos con el 5% de los sufragios, en el caso de unos comicios locales. Si hay más votos válidos, cuesta más a los pequeños llegar a alcanzar ese 5% de los sufragios.  Una cosa lo que el voto expresa (un elevado porcentaje de voto en blanco expresa queja sobre los partidos) y otra lo que consigue, que es operar a favor de los grandes partidos.

El voto en blanco alcanzó su récord en España hace justamente cuatro años, en las anteriores elecciones municipales, con 427.061 votos y el 1,92% sobre el total.  Si estas papeletas se hubieran asignado a una fuerza política, habría sido la quinta en respaldo, tras el PP, PSOE, IU y CiU.

Voto nulo

El voto nulo es un voto con deficiencias (porque la papeleta es de otra circunscripción, porque está tachada o "porque incluye una raja de chorizo, para denunciar lo chorizos que son los políticos"). Es un voto inválido. El problema es que no se puede distinguir entre los nulos intencionados, los de protesta, de los no intencionados, los fallos. Además, "el ejemplo del voto de la rodaja de chorizo psicológicamente reconforta al votante, pero no se computa. No cuenta para nada".

La abstención

La abstención consiste en no acudir a votar. Puede ser porque no se puede, por dejadez, por pereza o puede ser también como forma de castigar al sistema o a un partido en concreto. Hay mucha gente que  antes de pasarse a otro partido decide no ir a votar. "Es lo que le pasa tradicionalmente a la izquierda", explica Canel. "El PSOE tiene un suelo de voto más pequeño que  el PP. Hay cuatro millones de ciudadanos que a veces les votan y otras no. "Por eso el partido socialista se juega mucho en la participación electoral", explica la catedrática Canel. Además, históricamente los movimientos antisistema y anarquistas defienden la "abstención activa" y piden que no se participe en un sistema político manejado por el sistema financiero.

Los pequeños

La crítica a la ley D'Hont que utilizamos para la distribución de los votos no es algo actual, viene de lejos. Es cierto que el sistema favorece a los partidos más grandes y dificulta la representatividad de los más pequeños, pero menos que otros sistemas europeos, como el británico. Votar a los pequeños puede ser también la opción de los congregados en las plazas públicas de media España, dice Canel. El  contagio del discurso de ir contra los poderosos, contra los grandes, la compasión por el débil puede impulsar a los partidos más pequeños y hacer que estas elecciones tengan más eco.