"El vigilante de la estación murió en mis propias manos. Echaba sangre por la boca y por los ojos"

Rafael Camacho, repartidor de '20minutos' en la estación de Castelldefels (Barcelona).
Rafael Camacho, repartidor de '20minutos' en la estación de Castelldefels (Barcelona).
20MINUTOS.ES

Los dos se llamaban Rafael y los dos trabajaban en la estación de tren de Castelldefels (Barcelona) desde antes del amanecer. El primero era vigilante de seguridad de Prosegur y falleció este viernes tras ser agredido por un viajero. El segundo es repartidor del diario 20minutos y vio cómo su amigo moría en sus manos sin poder evitarlo.

"Sí, murió en mis propias manos. Echaba sangre por la boca y por los ojos" explica, muy afectado, Rafael Camacho, tras pasarse toda la mañana declarando en la comisaría de los Mossos d'Esquadra.

"Hijo de puta, te voy a matar. Te voy a quemar". Así insultaba a gritos el agresor al vigilante, cuando éste intentó echarlo de la estación por no llevar billete y comportarse agresivamente. "Era jovencito, delgado, moreno, con el pelo corto e iba con el torso desnudo. Estaba muy drogado y borracho, y era muy violento", recuerda Rafael, que afirma que su amigo no empleó la porra, sino que lo empujó poniéndole las manos sobre la espalda. "Pero era imposible echarlo", añade.

El nerviosismo del joven fue creciendo y empezó a golpear fuertemente al vigilante. "Le dió golpes muy fuertes, puñetazos en la cabeza y en el resto del cuerpo y echaba sangre", asegura. Entonces fue cuando intervino Xavier, otro repartidor, del diario ADN, e intentó separarlos. "Consiguió quitárselo de encima y retenerlo hasta que llegó la Policía. Tiene un mérito impresionante", dice Rafael.

Pese a la ayuda del repartidor, en ese momento, el vigilante cayó desplomado y fue socorrido por Rafael y un viajero que es médico. "Estaba boca abajo. Lo giramos y estaba cubierto de sangre. El médico empezó a hacerle un masaje cardíaco y me dijo que le sujetara la cabeza. Luego intercambiamos las funciones", explica Rafael, que calcula que estuvieron reanimándolo unos 20 minutos.

De nada sirvió, el vigilante "dio un soplo y murió", explica Rafael, que dice que tenía unos 42 o 43 años y dos hijos, vivía en la Zona Franca y trabajaba aquí por lo menos desde enero de 2010. El repartidor lo define como una excelente persona, que les ayudaba siempre y les daba consejos de seguridad. "Se hizo amigo de los repartidores de diarios y yo le cogí mucho aprecio", añade.

Sobre las causas de la muerte, Rafael no lo duda. "Se ha muerto de los golpes, no de un infarto. Era muy pacífico y no quería hacerle daño a nadie y por eso ha perdido la vida", sentencia, antes de denunciar que los Mossos llegaron muy tarde, pasados unos 30 minutos, pese a que "la comisaría está solamente a cinco minutos de la estación de tren".

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