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Tania Llasera: "Cuando empecé en la tele me pidieron que me dejara el pelo largo y dije 'no', sin embargo sí pasé por el aro de perder 10 kilos"

Tania Llasera ha inaugurado la Navidad tendiendo el brazo a Marta Ortega para vestir a mujeres de tallas reales en Madrid.
Tania Llasera
GTRES

La presentadora ha escrito ‘Mujer tenía que ser’, un libro con el que quiere que las mujeres dejen de ser juzgadas por la mirada ajena. Si su subtítulo te sonroja (pronto descubrirás cuál es), prepárate para la revolución Llasera…

La brecha salarial, el techo de cristal, los roles preasignados, las exigencias sociales y estéticas o las responsabilidades impuestas por ser mujer son algunos de los aspectos que atraviesan el libro más personal de Tania Llasera. La presentadora, toda una voz de referencia en el ámbito 3.0, reivindica la libertad de escoger nuestra vida confiando en nuestra propia validación, un cambio de chip que es el único camino hacia la libertad. Ese es el poderoso mensaje que manda en ‘Mujer tenías que ser… Para todas las que estamos hasta el coño’ (Libros Cúpula).

Tania Llasera
Tania Llasera
Cortesía

Hablamos con ella acerca de la trampa de la superwoman, de la cárcel de la perfección (auto)impuesta e incluso de si su abuela, a la que le pidió una señal para saber si comprarse una casa en el campo, le ha mandado algún indicativo desde el más allá con el que hacerle ver si el subtítulo, que rima a la perfección con moño (como el de Tippy Hedren en ‘Los pájaros’, por ejemplo), es de su agrado… “No me ha mandado ninguna señal, pero seguramente no le habría hecho mucha gracia. Sin embargo, contactó conmigo vía Anne Germain para el libro anterior, que era de recetas. Me pidió que escribiera el libro que tenía en la cabeza, y estoy convencida ahora de que en realidad se refería a ‘Mujer tenías que ser’... Creo que este es el libro que ella me pidió que escribiera”, dice emocionada.

La sociedad nos ahoga con exigencias que se adentran en todos los ámbitos de nuestra vida, desde la oficina hasta el hogar atravesando incluso nuestra postura política y activista. Tania también está hasta la rabadilla (lo sentimos: nuestra abuela es menos permisiva que la de Llasera) y asegura que esta situación ha de parar. “¿Por qué no se nos deja disfrutar y vivir? ¿Por qué no se respeta si quieres o no ser madre y la manera en la que seas madre o mujer? ¿Por qué este juicio constante? ¿Quién le ha dado el poder a los demás para decirte si lo haces bien o mal? El libro va precisamente de coger ese poder y de hacer las cosas sin que te cuestionen. ¡No eres peor madre ni mujer por enseñar a tu hijo en redes sociales ni por usar o no la copa vaginal! Las cosas tienen un porqué y las consecuencias de cada una son muy personales. Yo ya no voy a juzgar nada”, sentencia.

Portada del libro
Portada del libro
Cortesía

En 2020 Tania Llasera anunció que tras 11 años convertida en la reina de la pequeña pantalla, terminaba su contrato con Mediaset. Aunque confiesa que perder la seguridad laboral da vértigo, este cambio supuso también una nueva mentalidad. “Me ha costado mucho trabajo en terapia darme cuenta de que puedo hacer muchas cosas, que además de salir en la tele, tengo muchos talentos aparte de una cara bonita. Perdí mi trabajo televisivo en un momento en el que estaba muy trabajada. Es como cuando tienes un novio al que quieres dejar tú, pero se te adelanta y te deja primero. Sin embargo, creo que es algo que me liberó, porque no estaba perdida, sino liberada ante el lienzo que tenía para poder hacer lo que quisiera. Eso asusta, al igual que perder la seguridad de un trabajo fijo… 

Pero lo he vivido como una revelación: en el trabajo siempre hay que reinventarse y disfrutar de la oportunidad de vivir mi libertad y de hacer lo que me llena. Por eso este es el momento de este libro”, asegura con firmeza.

Su trabajo en televisión siempre ha sido examinado con minuciosidad, pues las mujeres que trabajan en la tele, en la industria musical y en el cine parecen contar con un anexo en su contrato que las obliga a vivir bajo la exigente mirada pública. Como tantas otras, ella fue objeto de una cosificación que hoy no permitiría, aunque al echar la vista atrás, incluso en sus comienzos, ya supo poner algunos “peros”... “Desde el principio se ha comentado mi físico, porque yo entré con un físico normativo, de cañona, pero tenía el pelo muy corto. Cuando me dieron trabajo en una cadena grande, me dijeron que me dejara el pelo más largo. Les dije que haría cualquier cosa, pero que el pelo era mi sello. Siempre he intentado ser yo misma. Es verdad que cuando me pidieron perder diez kilos, lo hice, pero porque entonces di por hecho que era un requisito. Ahora estoy en ese mismo peso, por lo que mi cuerpo ha vuelto a lo que era antes de empezar en la tele”, explica.

Cailtin Moran asegura en su libro ‘Más que una mujer’ que desafortunadamente, parece que ser una mujer moderna implica odiarte e insultarte. ¿Por qué nos cuesta tanto abrazar un halago? “Porque si no te fustigas, eres una creída. Cuando aceptamos cumplidos, nos gusta quitarle hierro al hecho de que hacemos un esfuerzo por estar guapas. Parece que si eres una tía inteligente y feminista está mal visto que te cuides estéticamente, porque entonces le estás dando poder al sistema y te estás convirtiendo en una mujer florero. No tiene nada que ver saber que eres más que una imagen con cuidar de tu propia imagen. Yo me cuido para mí, no para su mirada masculina. Me cuido porque me gusta verme en el reflejo”.

Si no te fustigas, eres una creída. Cuando aceptamos cumplidos, nos gusta quitarle hierro al hecho de que hacemos un esfuerzo por estar guapas.

Las famosas no solo se tienen a sí mismas para odiarse, sino que cuentan con infinidad de desconocidos dispuestos a juzgar cada una de sus acciones y cómo no, sus físicos. Llasera aprendió a lidiar con la inquisitiva mirada externa gracias a su infancia, en su pueblo. “Lo he trabajado mucho con mi psicóloga: yo siempre he sido la defensora de mi madre. Ella era extranjera, un ama libre y artística que llevaba el pelo de colores… En definitiva, era una chica espectacular y generaba envidias e incomprensiones, porque en este país, todo lo diferente hay que aplastarlo. Aprendí protegiendo a mi madre de las víboras, los haters y los envidiosos… Me ha ayudado mucho, así como la educación que me ha dado. Tengo que agradecerle mucho a mi pueblo infernal, al cual adoro, porque me ha curtido. Tengo el chubasquero cosido a la piel”.

“Consciente o inconscientemente, si eres chica sabes que te toca la cocina y los cuidados desde niña, te regalan el carrito del bebé y la cocinita en tu cumple para que juegues a ser mamá desde que das tus primeros pasos. FF (lo contrario de Rewind, literalmente es Fast Forward o 'dale p'alante) al VHS de tu vida una década: aprendes a mantenerte alerta al salir a la calle, ojo no te pase algo, y el dichoso 'qué dirán de ti', omnipresente en el mundo femenino y que tanto temor infunde. La temida reputación”, escribe en su libro. Para finalizar, hablamos con ella acerca del daño que ha hecho el mito de la superwoman y cómo la sociedad nos ha vendido la sobrecarga de trabajo como empoderamiento. “Hemos sido engañadas. Al sistema en el que vivimos le viene bien que pensemos que podemos conciliar sin problemas, sin pagar un precio y que podemos hacerlo todo… Pero nadie te cuenta cuál es ese inmenso precio: frustración, resentimiento, una salud mental deplorable, la carga mental… Y encima, te dicen que no te quejes. Cuando decimos lo de “Estoy bien, no me puedo quejar…” ¿De dónde viene esa coletilla? Hay que dividirse las carteras ministeriales del hogar, hablar con la pareja y pelear si hace falta. Tenemos que usar nuestras herramientas para gestionar que no podemos andar tan estresadas todo el día”, dice con firmeza.

Así que ya lo sabes: Si estás hasta el… Moño, echa el freno antes de que sea demasiado tarde.

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