Teresa Viejo  Periodista y escritora
OPINIÓN

¿Para qué sirve la filosofía?

Grupo de amigas dándose la mano
Grupo de amigas dándose la mano
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Olga Belmonte ha tenido que escuchar la frase muchas veces en su vida. Esta pregunta es recurrente porque a los seres humanos nos despiertan curiosidad las cosas no tangibles. ¿Para qué sirve la ética? ¿Qué es la empatía? ¿Qué sentido tiene sentir rencor? ¿Se podrá medir como el cociente de inteligencia? Olga es doctora en filosofía, profesora en la universidad y una de las mayores expertas en España en un terreno tan resbaladizo como es el dolor de la víctima. En realidad estudia el universo de las víctimas y yo enseguida me he ido a su dolor, aunque ella dice que algunas no son conscientes de serlo y no sé si eso les vacuna de algún modo contra el sufrimiento. A veces, el dolor emocional se vuelve como el de esas hernias que, de tan constante, una termina olvidándose de él. Sigues con tu rutina, baldada.

Yo diría que la filosofía sirve para ayudarnos a pensar y, por tanto, a vivir. La filosofía reflexiona sobre todo aquello que es humano y por ello engrandece a la curiosidad, ya que las preguntas dan forma a nuestro pensamiento. Cuanto más filosofemos, mejor entenderemos de qué va la vida.

Me he acordado de Olga y su trabajo con las víctimas tras conocerse la acusación de violación a Dani Alves y constatar la ligereza con la que se opina en las redes. El ruido en ellas hace que la víctima se convierta en verdugo y el victimario en víctima de un tuit a otro, en una ruleta rusa de opiniones encontradas tan deleznable como absurda.

A lo mejor la mente humana, sin una filosofía que la entrene, es absurda. Su tendencia a emitir juicios hace que las personas contemplemos la realidad a través de nuestros filtros y que caigamos presos de unos sesgos cognitivos que condenan y absuelven con criterios muy subjetivos.

Supongo que yo también tengo los míos porque al leer la noticia he empezado a contemplar a la víctima con la mirada de Olga Belmonte, recordando varias cosas que ella me comentó. Por ejemplo, que no se puede exigir el perdón a la víctima ni presionarla con esa idea. Somos nosotros, desde fuera del delito o del abuso, los que interpretamos que el proceso de superación de una herida emocional pasa por fuerza por perdonar, no solo de palabra también de corazón, a quien ha hecho el daño. Olga me contó que el tiempo de recuperación es distinto en cada persona, y que la sanación no conlleva por fuerza el perdón, aunque sí la aceptación del daño. Y he pensado en esa joven que, al parecer, ha rechazado una compensación económica porque su intención pasa por la reparación a través de la justicia, y para la que el perdón debe de quedar todavía fuera de su vocabulario.

La empatía es conectar con su dolor sin necesidad de llenar el vacío con palabras.

Si bien todo lo que rodea a una víctima es una enmarañada madeja, deberíamos de esforzarnos por comprenderla mejor desde una empatía que no significa calzarnos sus zapatos, sino asegurar el espacio que necesita para la profunda transformación del duelo que ha empezado a vivir. La empatía, a veces, implica solo escucha o nuestra cercanía para que ella o él la sienta. La empatía es conectar con su dolor sin necesidad de llenar el vacío con palabras. Sin embargo, la reacción inmediata resulta ser la de la verborrea colectiva. Si la curiosidad nos invita a hacernos preguntas poderosas, por qué no formularnos cuestiones acerca de qué aportamos comentando un suceso como ese, por qué criticamos o juzgamos por norma… ¿nos reconforta a título personal o creemos que contribuimos al discernimiento general?

¿Para que sirve la filosofía, entonces? Definitivamente, para aprender a convivir.

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