Logo del sitio
Teresa Viejo  Periodista y escritora
OPINIÓN

Curiosear no es 'stalkear'

Tamara Falcó, en 'El Hormiguero'.
Tamara Falcó.
20minutos | ATRESMEDIA

Un día leí que 'stalkear' era sinónimo de amar apasionadamente y me arrojé sobre el diccionario para ver qué me había perdido. No, espiar a la pareja a través de las redes sociales no es la quintaesencia del amor salvo para los enfermizos.

Hoy, un par de personas en los chats de amigos, han comentado que, si Tamara Falcó hubiera sido más curiosa, tal y como preconizo yo, seguro que habría ojeado el móvil de su novio y se habría enterado de sus andanzas antes de que lo hiciera la portera de Instagram. No, alma de cántaro. La curiosidad no está para abrirnos los ojos ante la deslealtad amorosa, sino para que espabilemos en la vida y dejemos atrás la condena, entre otras cosas, de frases hechas y tópicos como “la mujer es la última en enterarse”.

La curiosidad no está para abrirnos los ojos ante la deslealtad amorosa, sino para que espabilemos en la vida

Todo un insulto a la inteligencia que seguimos repitiendo. No, curiosidad no es husmear los mensajes en un teléfono que no te pertenece, ni perseguir obsesivamente el rastro de tu pareja en las redes tratando de hallar dobleces en sus costuras. Curiosidad no implica fiscalizar, acosar, cruzar los límites, desconfiar… No se trata de escudriñar lo ajeno tras la coartada de un imaginario visillo.

He coincidido con Tamara Falcó en varias ocasiones y he tenido la impresión de estar frente a una mujer auténtica. Con independencia de cómo te resuenen sus formas, su fondo es luminoso y su actitud denota una viva curiosidad que encauza a través de la creatividad, el diseño o la restauración. Ensaya diseños y prueba sabores. También muestra un genuino interés por las personas. Y su fe confesa no deja de responder a la dimensión espiritual de la fortaleza por la cual nos hacemos preguntas trascendentales, de ahí que hablar aquí de ella resulta natural. Su comportamiento es altamente curioso, el de su ex… altamente estúpido.

Con independencia de cómo te resuenen sus formas, su fondo es luminoso y su actitud denota una viva curiosidad

Las personas solemos repetir un par de patrones en la pareja: quienes cuidan y quienes requieren cuidados; y si bien en cualquier relación la entrega debería de ser recíproca, a veces, quienes reciben cuidados de la persona amada, lejos de cuidar, descuidan y lastiman. 

Volviendo a esos chats donde todas nos sentimos poseedoras de la verdad, he leído que un beso no es más que un beso. Cierto. Y un beso negado, un beso desleal. Cuando la negación -del beso o de haber tomado una camiseta 'prestada' del armario de tu hermana- se reitera, se quiebra la confianza y esta se restaña con dificultad.

No, la curiosidad no nos impulsa a espiar al otro, sino a preguntarnos cómo podemos crecer conjuntamente y expandirnos desde el amor. Y a encontrar interés por la vida, no como la madre de una amiga que lamentaba la desidia que le había invadido tras cumplir ochenta años. Hasta esa fecha había sido una mujer bella y ágil, pero ahora perdía horas y horas frente a la televisión sin mayores intereses. “Ahora que caigo, mi madre nunca tuvo curiosidad por nada en la vida”, confesaba mi amiga. Mal hábito sin duda.

Me apasiona el kintsugi, ese arte japonés que une las cicatrices de los objetos rotos con resina y polvo de oro y cuyo resultado final alumbra una pieza más bella y valiosa que antes de quebrarse. Cualquier mujer lo ha practicado para curar sus heridas. Bien con saliva o bien con lágrimas, siempre hallamos el modo de unir nuestras piezas, esas que quizá lastimó un diablo bien camuflado, para mostrarnos al mundo más sabias, más fuertes. Y siempre más curiosas.

¿Quieres recibir gratis todos los jueves en tu correo los mejores contenidos de belleza, moda y estilo de vida? Apúntate a nuestra Newsletter.

Mostrar comentarios

Códigos Descuento