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Siniestralidad cero, ciberataques... Un dibujo sobre la (futura) conducción autónoma

Los coches autónomos funcionan gracias a sensores y sistemas de detección del entorno.
Los coches autónomos funcionan gracias a sensores y sistemas de detección del entorno.
Carglass

Los coches autónomos son uno de los grandes proyectos de la actual automoción. Aunque ya se han dado pasos hacia la conducción sin intervención del factor humano, es cierto que aún queda mucho camino por recorrer. O, por lo menos, así lo afirman desde Mapfre, empresa que estima que harán falta al menos 50 años más para que veamos coches que se conduzcan a sí mismos. 

El desarrollo de los sistemas ADAS o asistentes a la conducción es una buena muestra de cómo será la conducción autónoma, aunque no será ni en el medio ni el largo plazo cuando podamos disfrutarla. Eso sí, cuando llegue, cambiará por completo las reglas del juego. 

No solo en términos que conciernan única y exclusivamente al hecho de ponerse detrás de un volante. Las leyes deberán cambiar de la mano con la nueva realidad que proyecte la conducción autónoma, sobre todo en el ámbito de los posibles accidentes de tráfico. Aunque se espera que la conducción autónoma reduzca la siniestralidad a cero, hay que tener en cuenta todos los escenarios. Primero, será necesario adecuar las normas a un mundo en el que el factor humano quede por completo fuera de la ecuación de la conducción. 

Y segundo, habrá que modificar las reglas que conciernan a los seguros y a la responsabilidad en caso de siniestro. "Si no, podríamos encontrarnos con un vacío legal en el que ninguna de las partes estuviese claramente determinada en ese contrato del seguro", advierte Rodrigo Encinar, director de investigación de Cesvimap, el centro de I+D de Mapfre, y experto en movilidad y conducción autónoma. En este sentido, ya existe un ADAS obligatorio que ayudará en el campo de los accidentes de tráfico: la caja negra, aunque con una conducción 100% autónoma los conductores quedarían, hipotéticamente, exentos de cualquier tipo de responsabilidad. 

Cero accidentes, otro tipo de riesgos

El mayor beneficio que aportará la conducción 100% autónoma al tráfico será la reducción de accidentes, con el objetivo de llegar a una tasa de siniestralidad cero. Encinar ha vaticinado que en el momento en el que los coches se conduzcan a sí mismos con seguridad, "se planteará el prohibir conducir a las personas". 

Sin embargo, harán falta millones de kilómetros de conducción autónoma y de pruebas para que las máquinas depuren los fallos, conozcan todos los escenarios y variables del tráfico, y sean capaces de reaccionar ante cualquier situación posible. Al inicio, los accidentes que involucren coches autónomos serán llamativos, pero, con el paso del tiempo, irán descendiendo en número. 

Por otro lado, aunque se reduzcan los riesgos en cuanto a accidentes (que no llegarán nunca a una tasa cero), la conducción autónoma abrirá la puerta a nuevos riesgos. En este caso, a los ciberataques. La ciberseguridad se ha convertido en un factor clave en el desarrollo de nuevos vehículos, puesto que, a mayor tecnología, mayor facilidad de ser víctima de uno de estos ataques.  Cuando no hay nadie al volante, este aspecto cobra aún mayor importancia. "Si alguien lanza un ciberataque contra un vehículo, el pasajero no va a poder dar ninguna contraorden a ese ataque", ha dicho Encinar, que cree que en el futuro se van a llevar a cabo "atentados o accidentes provocados por la ciberseguridad".

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