OPINIÓN

Paro: la epidemia después de la pandemia

Fotografía de una oficina de empleo de Madrid. Miles de trabajadores se han ido al paro por un ERTE.
Fotografía de una oficina de empleo de Madrid. Miles de trabajadores se han ido al paro por un ERTE.
Europa Press.
Fotografía de una oficina de empleo de Madrid. Miles de trabajadores se han ido al paro por un ERTE.

La pandemia pasará, el paro no. Si hay una enfermedad incrustada en el tejido económico y social de España es el desempleo. El Fondo Monetario Internacional (FMI) pronostica una tasa de paro del 21% este año. El Banco de España la eleva al 21,7%. Entre cinco y seis millones de parados oficiales, de los contados. Una cuarta parte de la población activa tambaleante sobre un sistema económico basado en los servicios y la temporalidad que ha sido desarbolado por la crisis sanitaria.

La gran crisis de hace diez años rompió como una ola gigante contra los derechos laborales. Los deshizo, los esparció y los enterró. La ola retrocedió en los años del crecimiento a partir de 2013. Pero los derechos han seguido enterrados. Con sus reformas laborales, el PSOE en 2010 y –sobre todo- el PP en 2012, cauterizaron por las bravas una herida por la que se iban al traste miles de empresas. La situación de las empresas se enderezó, pero el mercado laboral nunca se acabó de recuperar. La tasa de paro cerró 2019, tras seis años de vacas gordas, en el 13,8%. Un nivel elevado, superior a los países del entorno que dejaba al país vulnerable ante imprevistos. Este es el contexto. El virus nos ha sorprendido en cueros.

El exministro de Economía del PP Luis de Guindos, actual vicepresidente del Banco Central Europeo calificó la reforma laboral del año 2012 de “extremadamente agresiva”. De aquellos polvos, estos lodos. El exministro tenía razón. El nuevo marco laboral aprobada por el Consejo de Ministros el 10 de febrero de 2012 fue el cambio más profundo del Estatuto de los Trabadores en más de 30 años.

Legado precario

La drástica solución aplicada en el mercado laboral dejó como legado la precarización del mercado laboral, salarios devaluados -más cuanto más bajos-, fraude generalizado en el empleo de la contratación temporal, sindicatos debilitados y una patronal a la que se le hace muy cuesta arriba cambiar a un escenario de recuperación de derechos.

La pandemia ha puesto patas arriba la economía tradicional y ha dejado más en evidencia que nunca la fragilidad de las bases de la recuperación en España, incapaz de recuperar las tasas de desempleo anteriores a la crisis financiera. Los últimos años hemos vivido un espejismo. No había más empleo, sino empleo más repartido y de baja calidad. Para lo único que sirvió la reforma fue para devaluar los salarios y ganar la competitividad perdida en el estallido de la burbuja.También para mantener un funcionamiento esquizofrénico del mercado, en el que convivieron expedientes de regulación de empleo (ERE) para miles de empleados de grandes bancos y empresas con millones de horas extraordinarias sin remunerar. De locos.

Un diálogo obligado

La grave situación económica desatada por la amenaza del coronavirus obliga a dialogar a las fuerzas políticas y a las organizaciones sociales. Si no para reconstruir, sí al menos para apuntalar un sistema que amenaza derribo. Las señales no son buenas. Con el país encerrado, la actividad económica congelada y los canales sumergidos cegados, bastó la mención a la aprobación urgente de un ingreso mínimo vital –no confundir con renta básica universal- para que la patronal CEOE amenazara con romper todos los canales de diálogo con sindicatos y Gobierno.

Las empresas capearon muy bien el temporal de la anterior crisis. La devaluación interna permitió a las compañías ganar competitividad y mantener  márgenes. Perdieron los salarios y la situación se cronificó. La nueva crisis puede cuartear ese statu quo que parecía sólido y hay mucha resistencia a adoptar medidas distintas. Cambiar de esquema cuesta. Es más fácil aplicar la plantilla. Basta recordar que hace apenas dos años , cuando la tasa de paro todavía era del 16,4%, la CEOE propuso eliminar los 30 años como límite de edad para aplicar los contratos de formación a parados mayores de 45 años y sin prestación por desempleo. 

El jefe de la diplomacia de la UE, José Borrell, define la crisis actual como “un problema de salud pública que se ha convertido en un reto económico y social inédito”. Superar los retos exige esfuerzo y amplitud de miras. Aplicar las recetas de siempre sólo puede llevar a convivir con una epidemia -el paro- tras una pandemia que ha puesto contra las cuerdas la economía. No cabe la posibilidad de fracasar ante el reto. Es demasiado arriesgado. Basta con saber un poco de Historia.

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