Iñaki Ortega Doctor en economía en la Universidad de Internet (UNIR) y LLYC
OPINIÓN

Una 'navaja de Okham' para la ministra de Vivienda

Isabel Rodríguez, ministra de Vivienda
Isabel Rodríguez, ministra de Vivienda
Europa Press
Isabel Rodríguez, ministra de Vivienda

Me encanta “la navaja de Ockham”. Es un principio aplicado en economía que se resume en que, en igualdad de condiciones, la explicación más simple suele ser la más probable. La leyenda cuenta que el fraile inglés Guillermo de Ockham en el siglo XIV adquirió fama por su obra teológica basada en la sencillez. Así se hizo popular la metáfora de que sus ideas eran como una navaja que afeitaba la barba de Platón, la sencillez recorta la complejidad. Así ha pasado a la historia esta expresión.

Siempre que puedo me abono a ella y por ello en el caso de dos eventuales soluciones a un problema, la más simple es más probable de ser correcta que la alambicada. Estos días que hemos conocido que el encarecimiento de la vivienda no para, me he acordado de la navaja del cura inglés. Efectivamente el precio de la vivienda aceleró su incremento en el primer trimestre del año hasta el 6,3% interanual, un aumento que no era tan elevado desde el tercer trimestre de 2022, según datos difundidos por el INE. Por tipo de vivienda, la nueva subió 2,6 puntos hasta el 10,1%, mientras que la de segunda mano se situó en el 5,7%, más de dos puntos por encima de la registrada el trimestre anterior.

Para empeorarlo todo, la rigidez de los tipos de interés de las hipotecas no ayuda a financiar la compra de inmuebles, también el mercado de alquiler con subidas de dos dígitos anuales está en precios máximos de las series históricas. Pagar una casa en España, supone de media la mitad de los ingresos de un ciudadano medio, en cualquiera de las fórmulas que hasta ahora considerábamos como habituales, comprar o alquilar, de ahí que se estén extendiendo prácticas como los pisos compartidos.

Encontrar una solución al problema de la vivienda en nuestro país se ha convertido en lo más parecido a finalizar el sudoku más complicado. Un mercado con millones de demandantes y muchos menos oferentes, con tres actores públicos como gobierno central, comunidades autónomas y ayuntamientos con competencias para actuar. La inacción consagra el problema de la falta de vivienda, pero como se mantiene la demanda porque se sigue necesitando un lugar donde vivir, los precios se disparan, tanto de alquiler como de compra, simplemente porque hay muchas personas que quieren la misma casa y se la lleva el que más paga.

El Banco de España ha asegurado que en España hay 27 millones de viviendas, de ellas, el 70% son vivienda habitual y el 13,3% se alquila, unos 3,6 millones de viviendas, y el resto, unos 4 millones, o están vacías o desocupadas. Pero los que buscan casas son muchos millones más. Entre 2022 y 2025 la economía española registrará un déficit de unas 600.000 viviendas. Ante este panorama surge la diatriba. Hacer más casas u obligar a los que tienen ya una a que la alquilen o la vendan a un precio asequible para esa mayoría que no puede pagársela.

La navaja de Ockham nos recuerda que siempre gana la sencillez. Crear más viviendas hará que el exceso de demanda se reduzca y por tanto los precios bajen. Bastaría con facilitar que se construyan más viviendas. Con un número amplio de casas en el mercado no es necesario topar precios, tampoco gravar las casas vacías y ni mucho menos poner en cuestión el principio sagrado de la propiedad. El Círculo de Economía de Barcelona acaba de publicar una nota en la que demuestra los efectos “muy perniciosos” de intervenir el precio de los alquileres con topes como el que se aplica en Cataluña. El informe incorporar otro argumento para defender que haya más viviendas y es que el parque público de alquiler solo representa el 2% del total, mientras que en algunos países de Europa supera el 20% y la media de la Unión Europea está en el 8%.

Por tanto, por simple no debemos descartarlo, siguiendo a Guillermo de Ockham. Ha de aumentarse la oferta para que por esta vía el precio se ajuste. Y ahí las administraciones sí pueden actuar. Mayor volumen de terreno edificable, suelo público más barato para que se pueda construir, facilitar cambios de usos de suelos, ayudas para rehabilitar casas, colaboración público-privada para construir un parque suficiente de vivienda protegida. Hasta el Banco de España ha reclamado un pacto de Estado para una ley del suelo que permita crear más viviendas.

En Santa Cruz de Mudela se fabrican las mejores navajas de España. Estoy seguro de que Isabel Rodríguez, ministra de Vivienda, y diputada por Ciudad Real conoce bien ese municipio de su provincia. Por eso me atrevo a pedirle a la responsable de las políticas públicas del ramo que se compre una bien grande para dejarla en su despacho y recordar cada vez que la vea, que urge lo más fácil. Más casas en España.

Iñaki Ortega
Doctor en economía en la Universidad de Internet (UNIR) y LLYC

Doctor en economía en la Universidad de Internet (UNIR) y LLYC

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