Ruben J. Lapetra Coordinador de Mercados
OPINIÓN

Es un código rojo: la solución de activar el TPI para apagar la crisis bancaria

La actual crisis tiene poco que ver con lo ocurrido en 2008 pero ha sido capaz de hacer caer un banco como Silicon Valley Bank, llevarse por delante a Credit Suisse y ahora amenaza a Deutsche Bank. 

Lagarde expone la decisión de tipos el pasado jueves 16 de marzo.
Lagarde expone la decisión de tipos el pasado jueves 16 de marzo.
BCE vía La Información
Lagarde expone la decisión de tipos el pasado jueves 16 de marzo.

Si algo debemos entender de las crisis bancarias es que no se sabe con certeza cómo empiezan pero sí cómo y dónde van a acabar. "En ese sitio donde nadie quiere ir", como profetizó Emilio Saracho meses antes del colapso, intervención y venta de Banco Popular en junio de 2017. La ironía del destino ha querido que aquella resolución bancaria sea estos días un ejemplo de lo que hay que hacer, siempre que se tenga el tiempo, los medios y la anticipación para hacerlo. La destreza que mostraron entonces el FROB y la JUR con un banco del tamaño del Silicon Valley Bank (SVB Financial), no se ha visto ni por asomo en las autoridades de EEUU ni en Suiza a la hora de actuar sobre sus bancos. 

La actual crisis de confianza en los bancos viene desde varios frentes. Primero, la mala gestión del riesgo ante el actual ciclo alcista de los tipos de interés por parte del SVB, que tuvo que recurrir a la venta de bonos para satisfacer las necesidades de liquidez, acabó generando pérdidas masivas y no fue capaz de frenar la estampida de clientes a tiempo. Segundo, el efecto contagio a otras entidades que pasaban por allí pero que pueden estar en la misma situación. Tercero, la inseguridad jurídica de los políticos reaccionando sobre la marcha y adaptando la normativa a la carta para ejecutar los temidos rescates, caso de Janet Yellen (Tesoro de EEUU) o Karin Keller-Sutter (ministra de Finanzas). 

La traición a las reglas del juego esconde un desprecio absoluto al capital de la banca, que es la esencia para que pueda funcionar y pueda sostenerse en pie. La decisión de sacrificar a accionistas y parte de los bonistas con el SVB pero salvar a los depositantes en el Silicon Valley Bank ha tenido continuidad en el salvamento del Credit Suisse, en el que los accionistas cobran pero los bonistas que tenían deuda híbrida (CoCos) se quedan a cero pese a que son instrumentos convertibles en acciones. Ante este panorama, ¿qué camino han tomado inversores bancarios en en uno u otro lado? Tomar las de Villadiego. De ahí las severas caídas en las cotizaciones bursátiles y las repentinas compras de seguros de impago sobre la deuda emitida por las entidades financieras.   

Si todavía no han caído en la cuenta, la banca moderna se financia en los mercados de una forma muy relevante. Es crítica por varios motivos. El negocio típico de intermediar entre lo que cobra por los préstamos y paga por los depósitos acabaría en una severa restricción de crédito sin acudir a la financiación mayorista. Pero lo que respalda todo eso es la garantía del capital, bien sea a través del dinero de los accionistas o bonistas que compran los bonos senior, junior o híbridos. Es la solvencia lo que está en juego en última instancia y eso es lo que se ha puesto en cuestión en Suiza y EEUU. 

¿Quién va a invertir en acciones, bonos y otros instrumentos emitidos por los bancos? Si el Silicon Valley Bank no hubiese fracasado con estrépito junto a Goldman Sachs en su colocación de acciones del pasado 9 de marzo, hoy seguiría vivo y coleando. No estaríamos hablando nada de esta pesadilla. Tampoco si los acreedores del Credit Suisse no se hubiesen lanzado en masa a comprar seguros de impago (credit default swaps) ante la caída del precio de sus bonos y la consiguiente desplome en bolsa. Es el mismo virus que ha comenzado a infectar a Deutsche Bank esta semana pese a que es un caso diferente. Pero lo mismo decían de su rival suizo y ha tenido que ser rescatado a las bravas por UBS, el banco central SNB y el Gobierno helvético.

La hora del superbazuca monetario del BCE

Lo cierto es que después de casi tres semanas de turbulencias financieras, el tamaño de los problemas no para de crecer. La caída del SVB puso en vilo un banco con 200.000 millones en activos. Con Credit Suisse, algo más de 500.000 millones. Que se ponga en cuestión al Deutsche Bank, con un perímetro de 1,3 billones de euros y una exposición incalculable en el mercado de derivados es otro cantar. El tiempo, una vez más, es un factor clave en los incendios financieros: a más duración, mayor destrucción. 

La buena noticia es que el Banco Central Europeo (BCE), a diferencia de la Fed en EEUU o el SNB suizo, tiene el margen de maniobra y la capacidad para frenar la crisis con un 'superpoder' del que se dotó creó en julio de 2022 denominado Instrumento para la Protección de la Transmisión de la política monetaria (TPI, por sus siglas en inglés). No se le prestó la atención debida porque aquel día el protagonismo lo acaparó la primera subida de tipos del BCE desde 2011. "Lagarde se prepara para lo peor con un 'escudo' para poder rescatar a países" titulamos en este diario para anunciar su nacimiento como lo que es: una herramienta anticatástrofes. Nos llovió alguna colleja desde la ignorancia y el sectarismo político que no atiende a razones sino solo a encuestas electorales.

Ahora sabemos que el BCE tiene la voluntad de usarlo para lanzar un mensaje definitivo a los compradores de los opacos CDS, inversores en corto que están haciendo su agosto y, en general, de confianza a los inversores sobre la banca. Deutsche Bank no se toca porque de hacerlo no habrá protección ni en el oro, el Bitcóin, la deuda soberana o en el bunker mejor equipado. Demasiado grande para caer. Sobre el TPI, el consejo del BCE recordó el pasado 16 de marzo en su declaración que "está disponible para contrarrestar dinámicas de mercado injustificadas y desordenadas que constituyan una seria amenaza". 

La situación actual parece que va a responder a esa descripción. Hay una emergencia pero alguien debe pulsar el botón del 'código rojo'. La capacidad del artilugio es ilimitada y permitiría poner en orden al mercado de bonos y acciones bancarias que tanto están sufriendo en esta crisis de confianza que seguirá contagiando salvo que se ponga en marcha una 'vacuna' definitiva. "Preferiría no usarlo pero no dudaremos en hacerlo si es necesario", prometió el vicepresidente del BCE, Luis de Guindos, cuando lo presentó en sociedad hace ocho meses. La hora de saber si es así parece haber llegado.

Ruben J. Lapetra
Coordinador de Mercados

Periodista especializado en finanzas y tecnología. Escribo desde hace más de dos décadas en diarios líderes de información económica. He participado en el desarrollo de producto del área de mercados en los medios digitales en los que he trabajado. Me apasionan los nuevos proyectos y el aprendizaje continuo. Formé parte de Expansión.com durante cerca de cuatro años hasta que me involucré, sin dejar de escribir, en lanzamientos como ElEconomista.es (2005), Cotizalia y Teknautas en ElConfidencial (2007-2012), LaInformacion.com (2009), Hemerotek (2013) y ElEspañol.com (2015). Ayudé a crear un índice de bolsa, otro de vivienda y trabajé en dos fintech (WebFg y Finect). A finales de 2018 me reincorporé a LaInformación.com para relanzar su área de mercados y cotizaciones.

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