Ruben J. Lapetra Coordinador de Mercados
OPINIÓN

Tormenta francesa en los mercados y el maletín de rescates TPI del BCE

Sede BCE
Tormenta sobre la sede del BCE.
AP/LAPRESSE
Sede BCE

"Preferiría no usarlo pero no dudaremos en hacerlo si es necesario". El juramento de julio de 2022 del vicepresidente del Banco Central Europeo (BCE), Luis de Guindos, está cada vez más cerca de ser reclamado para su cumplimiento. El protagonista omitido no es otro que el Instrumento para la Protección de la Transmisión Monetaria (TPI, por sus siglas en inglés), el 'superbazuca' durmiente del que se dotó el organismo cuando empezó la guerra de Ucrania y comenzó a subir los tipos de interés.

Desde entonces, solo en marzo de 2023 con la crisis bancaria del SVB y Credit Suisse se barajó su activación para contener las importantes turbulencias que se registraron en los mercados. No hizo falta. Su sola existencia es disuasoria y calmante. Ahora Francia está en problemas y, con la nación gala, la zona euro puede verse abocada a un escenario de crisis financiera como se ha visto esta semana en las bolsas y los bonos.

El Gobierno de Macron presenta un déficit público este año del -5,5%, su deuda pública no para de subir (111% del PIB) y supera los 3,2 billones de euros, una cifra colosal con la que el Gobierno francés por sí solo no podrá lidiar si se produce un episodio de desconfianza entre sus acreedores. Es una situación emergente pero, como saben, puede evolucionar tan rápido a emergencias en las pantallas de cotizaciones, que si pestañean se lo pierden. Solo un banco central y una herramienta de tipo OMT (Operaciones Monetarias Directas) podría ejercer de dique de contención de la desconfianza de un emisor de esa envergadura porque permite actuar de forma flexible e ilimitada.

La buena noticia, en todo caso, es que el TPI está disponible. La mala es que hay condiciones para los países que busquen acogerse al mecanismo: sostenibilidad fiscal a medio y largo plazo; cumplimiento de las reglas fiscales de la UE y no estar inmersos en un expediente de déficit excesivo (PDE), algo que Francia está a punto de sufrir porque se ha pasado de la raya del -3% en el desfase de sus presupuestos. Solución y problema parecen en colisión salvo que el BCE, que puede hacerlo, use de forma preventiva del bazuca para aplacar los ánimos en los mercados.

El detonante de la actual crisis ha sido el adelanto electoral convocado por el presidente, Emmanuel Macron, para intentar frenar al ascenso al poder del Frente Nacional de Marine Le Pen. Pero la pólvora y los explosivos estaban dispuestos de antemano, como advirtió la agencia de calificación de riesgo S&P tras rebajar el rating francés unos días antes de las elecciones europeas del 9 de junio. El exceso de déficit público y la escalada de la deuda gala situaba en el punto de mira de los inversores, que han comenzado a exigir más dinero por prestar su capital a los franceses. Las olvidadas primas de riesgo han vuelto como muestran los diferenciales de los bonos soberanos alemanes frente al resto.

En el caso de Francia, máximos de casi ocho años en los 80 puntos básicos. El Estado galo pagaría más ahora por financiarse que el portugués. El despertar de los índices de riesgo financiero llega en plena carrera electoral en Francia, con otra cita electoral en Reino Unido y otra más importante todavía en Estados Unidos a la vuelta de verano. Ni siquiera España puede librarse de ello ante la debilidad palpable del presidente Pedro Sánchez y los partidos que sustentan el Gobierno: PSOE, Sumar, ERC, Junts, Bildu, Podemos, BNG y Ábalos & Cía.

La agitación en Francia que se ha visto esta semana -con la mayor caída semanal de la Bolsa de París desde 2022 y la subida de la prima a niveles de 2017- supone un serio aviso a navegantes. Justo cuando el BCE ha comenzado a relajar su política monetaria y a controlar la inflación, aparece una crisis que no llega en buen momento. Nunca es bueno, pero el presente es delicado por las graves implicaciones políticas de un giro político en Francia hacia una formación euroescéptica. El verdadero potencial del TPI es que permite operar bajo el radar y crear un escudo que proteja a Italia, España y los socios comunitarios más vulnerables de lo que suceda en París. La mención a la citada herramienta serviría a la vez para estabilizar a los mercados, enviar un mensaje de confianza a los inversores y de advertencia a los especuladores. Es como el clásico 'cuidado con el perro' pero en versión de política monetaria. 

Ruben J. Lapetra
Coordinador de Mercados

Periodista especializado en finanzas y tecnología. Escribo desde hace más de dos décadas en diarios líderes de información económica. He participado en el desarrollo de producto del área de mercados en los medios digitales en los que he trabajado. Me apasionan los nuevos proyectos y el aprendizaje continuo. Formé parte de Expansión.com durante cerca de cuatro años hasta que me involucré, sin dejar de escribir, en lanzamientos como ElEconomista.es (2005), Cotizalia y Teknautas en ElConfidencial (2007-2012), LaInformacion.com (2009), Hemerotek (2013) y ElEspañol.com (2015). Ayudé a crear un índice de bolsa, otro de vivienda y trabajé en dos fintech (WebFg y Finect). A finales de 2018 me reincorporé a LaInformación.com para relanzar su área de mercados y cotizaciones.

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