Reflexiones para emprendedores

Carta al accionista de Bezos... o cómo se convierte a una pyme en multinacional

Jeff Bezos
Carta al accionista de Bezos: reflexiones para cualquier emprendedor del mundo.
EFE
Jeff Bezos

Mary y Larry escribieron el pasado 5 de marzo una carta al presidente de Amazon para contarle qué había pasado en su familia desde que compraron dos acciones de la compañía en 1997 para su hijo Ryan de 12 años. Dichos títulos se desdoblaron ('split') en varias ocasiones, de modo que a lo largo de los años tenían 24 acciones.

A medida que la acciones de Amazon subía en bolsa, el joven Ryan quería venderlas, pero sus padres le decían que, si lo hacía, las comprarían para regalárselas de nuevo. Y así pasaron más de dos décadas hasta que, hace poco, Ryan decidió comprarse una casa y vendió algunas acciones para dar la entrada. Cada acción de Amazon vale actualmente 3.370 dólares, con lo cual Mary y Larry realizaron la inversión más rentable de su vida. Por eso escribieron esa carta a Jeff Bezos para darle las gracias.

La misiva de Mary y Larry aparece en la Carta al Accionista que acaba de dirigir Jeff Bezos a los miles de inversores que tienen acciones de Amazon. En lugar de ponderar los multiplicadores de la acción de la multinacional, Bezos ha contado una historia que nadie olvidará, pues Mary y Larry representan al inversor medio de EEUU. Una familia como cualquier otra que quiere asegurar el futuro de sus hijos.

Esta es solo una de las lecciones que se pueden aprender de la Carta al Accionista de Bezos. La inmensa mayoría de las empresas está publicando en este trimestre misivas de ese tipo... y la inmensa mayoría son una incesante exposición de datos, con un estilo literario que pretende ser cercano, pero que está lleno de sustantivos abstractos y de autosatisfacción por los logros de la compañía. Pero ninguna historia humana tan cercana como la de Mary y Larry.

Desde hace mucho tiempo, Bezos está preocupado por la forma en que se comunican las cosas en Amazon. Quiere que se digan las cosas de forma clara, y que los documentos estén escritos "como los ángeles" (Carta al accionista de 2017). Con esa claridad empieza su carta de este año. En los tres primeros párrafos suelta una batería de datos que dejan boquiabierto a cualquiera: el año pasado Amazon contrató a 500.000 personas. Es decir, la multinacional fichó a tanta gente como se contrató en toda España en los mejores años de bonanza económica.

Amazon ya cuenta con 1,3 millones de trabajadores. La firma posee 200 millones de personas abonadas a Prime (una cantidad fija anual que les da derecho a varias ventajas). A través de su plataforma venden ya casi dos millones de empresas y ya hay 100 millones de familias con un dispositivo Alexa en su casa. AWS, división de servidores (ordenadores que Amazon alquila a las empresas), ya factura 50.000 millones de dólares. Hoy Amazon vale 1,7 billones de dólares en Bolsa, más de lo que España produce en bienes y servicios en un año. Esas acciones están en manos de fondos de pensiones, de universidades y de unos 400.000 accionistas como Mary y Larry.

A partir de ahí, la Carta al Accionista de Bezos se convierte en un manual de reflexiones sobre cuál es la fórmula para convertir una pyme en la mayor tienda del mundo. “Si quieres tener éxito en los negocios (en realidad, en la vida), debes crear más de lo que consumes”. Bezos se refiere a incrementar el valor de las acciones para todos esos pequeños ahorradores: “Recuerda que los precios de las acciones no se basan en el pasado. Son una predicción de los flujos de efectivo en el futuro descontados al presente”.

Los beneficios netos de Amazon en 2020 fueron de 21.000 millones de dólares. Para explicarlo, Bezos acude a una comparación: si Amazon no cotizara en bolsa y fuera la empresa de un solo propietario, todo eso es lo que habría ganado esa persona en un año.

"Recuerda que los precios de las acciones no se basan en el pasado. Son una predicción de los flujos de efectivo en el futuro descontados al presente"

Sobre las compra online, Bezos usa una comparación que revela donde radica su éxito: la mayoría de las compras en Amazon se realizan en un lapso entre 3 y 15 minutos. “Compare eso con el típico viaje de compras a una tienda física: conducir, estacionarse, buscar en los pasillos de la tienda, esperar en la línea de pago, encontrar su automóvil y conducir a casa”, dice Bezos. “Los estudios afirman que el viaje típico a una tienda física dura aproximadamente una hora. Si asumimos que una compra típica de Amazon toma 15 minutos y que le ahorra un par de viajes a una tienda física a la semana, eso es más de 75 horas al año ahorradas”.

Y eso, ¿cómo se puede cuantificar en dinero, lo que se llama “crear valor”? Siendo conservadores, dice Bezos, supongamos que cada hora nos cuesta diez dólares. Setenta y cinco horas multiplicadas por 10 dólares la hora y restando el costo de Prime, entonces cada miembro Prime ahorra de 630 dólares. Puesto que hay 200 millones de miembros Prime en 2020, eso supone haber creado valor por 126.000 millones dólares.

Pero una cosa es crear valor para el cliente o accionista, y otra para los trabajadores. Bezos afirma que en 2020 pagó 80.000 millones de dólares en salarios, además de 11.000 millones en bonus y en impuestos.

El punto débil de Amazon es su tirante relación con los empleados, pues se quejan de exceso de horas, de un control militar, y de una cultura que sacrifica la humanidad por la eficiencia. Sobre eso, Bezos tiene algo que decir. “Si lees las noticias, podrías pensar que no nos importan los empleados. En las noticias, a veces se describe a nuestros empleados como personas desesperadas a las que tratamos como robots. Eso no es exacto. Son personas autónomas con opinión propia, que pueden escoger dónde trabajar. Cuando encuestamos a los empleados del centro logístico, el 94% dice que recomendaría Amazon a un amigo como lugar de trabajo”.

Bezos se refiere al almacén de la localidad de Bessemer (Alabama). La mayor parte de los empleados votó por no sindicarse. ¿Victoria de Amazon? Puede ser, pero Bezos reconoce ante el accionista que eso no le tranquiliza en absoluto. “Creo que debemos hacer un mejor trabajo para nuestros empleados… Para mí está claro que necesitamos una mejor visión de cómo creamos valor para los empleados, una visión para su éxito”.

Los empleados de ese almacén (y se supone que de la mayoría) tienen 30 minutos para comer, 30 minutos para descansar, y 30 minutos para estirarse, ir al baño o hablar con su jefe. Se les evalúa analizando periodos largos para saber si son productivos. Solo el 2,6% de los empleados son despedidos si no se adaptan a estos ritmos, aunque en 2020 esa tasa fue inferior debido a la pandemia.

En cualquier caso, para quitarse de encima el marchamo de empresa explotadora y robotizada, Bezos está decidido a convertirse en “la mejor creadora de empleo del mundo”, y el “sitio más seguro para trabajar”. Son conceptos que Bezos se ha inventado y que pueden parecer marketing. Pero también mucha gente se reía de Bezos cuando hablaba de convertirse en una de las mayores empresas del mundo. “Nunca hemos fallado cuando nos proponemos algo, y tampoco vamos a fallar esta vez”, dice en su carta.

Por lo menos está en camino de hacerlo. Hace dos años, decidió aumentar a 15 dólares la hora el salario a los trabajadores temporales. La medida encendió la mecha, obligando a otras empresas a subir los salarios. Hace poco, el Partido Demócrata aprobó una iniciativa para subir el salario mínimo de 7,25 dólares por hora, a 15 dólares en 2025 en EEUU.

La carta termina con una apelación al compromiso de Amazon con la protección del clima. Esto es serio, dice Bezos. Tan real como la gravedad o la fotosíntesis. Bezos recuerda que en septiembre de 2019 lanzó “El Compromiso de Clima”, que hoy han asumido 53 grandes compañías del mundo, y que se comprometen a emisiones cero a partir de 2040. Eso significa apostar por las energías renovables y los coches eléctricos entre otras cosas. Amazon ha encargado una flota de 100.000 coches eléctricos a Rivian, que le costará 1.000 millones de dólares.

Bezos termina su carta con una larga cita ecológica del científico Richard Dawkins: “Nuestros cuerpos suelen estar más calientes que nuestro entorno, y en climas fríos tienen que trabajar mucho para mantener el diferencial. Cuando morimos, el trabajo se detiene, el diferencial de temperatura comienza a desaparecer y terminamos a la misma temperatura que nuestro entorno. No todos los animales trabajan tan duro para evitar alcanzar el equilibrio con la temperatura circundante, pero todos los animales realizan un trabajo similar. Por ejemplo, en un país seco, los animales y las plantas trabajan para mantener el contenido de líquido de sus células, trabajan contra la tendencia natural de que el agua fluya de ellos hacia el mundo exterior seco. Si fallan, mueren. De manera más general, si los seres vivos no trabajaran activamente para prevenirlo, eventualmente se fusionarían con su entorno y dejarían de existir como seres autónomos. Eso es lo que pasa cuando mueren”.

"Estamos en el Día 1"

En las últimas líneas, recuerda a los accionistas el lema que hace tiempo figura en la mente de Amazon: estamos en el Día 1. Quiere decir que si uno sigue trabajando con el entusiasmo como si fuera el Día 1 de su aventura empresarial, no caerá en la agonía de la rutina.

Hace meses, Jeff Bezos anunció que se retiraba de la gestión de la empresa, del día a día. Queda como presidente no ejecutivo y se dedicará a otros proyectos, como por ejemplo fabricar cohetes para impulsar los viajes espaciales, un deseo que manifestó desde que tenía 18 años. Sus prototipos ya está dando resultados. Hace pocos días, un cohete llamado New Shepperd se elevó varios kilómetros y aterrizó en una plataforma señalada, con la suavidad con la que cualquiera se sienta en un sofá. Es el proyecto Blue Origin, que entre otros, va a centrar su nueva vida. Y seguramente seguirán cosas extraordinarias.

Walter Isaacson, que prologó el libro 'Invent and Wander' (Crea y Divaga), afirma que Bezos está en la extraña categoría de gente que sufre lo que alguien denominó “campo de realidad distorsionada” ("reality distortion field") es decir, que ven el mundo de otra forma y obligan a la gente que trabaja con ellos a hacer las cosas a su modo.

Con tiempo libre y dinero para pensar (es una de las mayores fortunas del mundo) cualquier cosa puede salir de la cabeza de este emprendedor que ha cambiado la forma de comprar de millones de personas en el mundo.

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