El Pentágono quiere saber cómo funciona el cuerpo en combate... para matar mejor

Un grupo de miembros de los SEAL de la Marina de EEUU en un entrenamiento de combate urbano. (Foto: Petty Officer 2nd Class Meranda Keller)
Un grupo de miembros de los SEAL de la Marina de EEUU en un entrenamiento de combate urbano. (Foto: Petty Officer 2nd Class Meranda Keller)
Un grupo de miembros de los SEAL de la Marina de EEUU en un entrenamiento de combate urbano. (Foto: Petty Officer 2nd Class Meranda Keller)
Un grupo de miembros de los SEAL de la Marina de EEUU en un entrenamiento de combate urbano. (Foto: Petty Officer 2nd Class Meranda Keller)
Un grupo de miembros de los SEAL de la Marina de EEUU en un entrenamiento de combate urbano. (Foto: Petty Officer 2nd Class Meranda Keller)

La vida del soldado en un escenario de guerra se cotiza poco, pero cuando se trata de un miembro de la maquinaria militar de Estados Unidos asignado al Devgru, el paraguas que cubre a todas sus fuerzas especiales, la cosa cambia por el coste que supone su formación de élite, que a modo de ejemplo se come gran parte de la tarta de presupuesto destinada a operaciones de la Armada. 

El pentágono decidió, una vez más, reclamar la ayuda de la Advance Research Projects Agency (Darpa), la versión real del departamento de 'Q' en las películas de James Bond.

La idea del Departamento de Defensa del 'Tío Sam' es tener disponible instrumentos con los que medir la evolución fisiológica y psíquica de los soldados en situaciones de estrés máximo, como es el que se experimenta en un escenario bélico. 

En febrero los responsables de Darpa bautizaron el programa como Measuring Biological Aptitude (MBA), una forma magnífica de ocultar su rastro en cualquier búsqueda de internet, que lo escondería entre cientos de miles de programas de formación empresarial. 

Pero ha llegado la hora de poner en marcha esta variante de la 'Operación Treadstone' que ficciona la saga de Jason Bourne. Hay que tener en cuenta que el objeto del programa no es simplemente medir constantes, como han podido comprobar los marchadores españoles durante el reciente Mundial de Doha. Para esa cita la Federación Española de Atletismo se puso en manos del Centro de Instrucción de Medicina Aeroespacial (CIMA) en Torrejón de Ardoz, para recrear las duras condiciones en las que iban a llevar a cabo la competición. Tampoco se limita el sistema de Darpa a las píldoras 'termómetro' que utilizaron nuestros atletas para que controlaran su temperatura corporal y evitar el temido 'golpe de calor'.

El programa estadounidense se ha asignado a la Oficina de Técnicas Biológicas (BTO) de Darpa. El MBA persigue un sistema de completa medición de cada soldado, capaz de identificar, medir y rastrear los biomarcadores con idea de identificar a los mejores candidatos para el desempeño de roles especializados en combate. 

Llama la atención la sinceridad de los responsables de Darpa a la hora de reclamar la atención de la comunidad científica de EEUU, al señalar que su poderoso ejército "está experimentando escasez de candidatos altamente cualificados para puestos especializados, entre los que se destaca la aviación y las fuerzas de combate cuerpo a cuerpo".

Dicho y hecho. De tapadillo, hace unos días el Pentágono publicó un discreto contrato de algo menos de 9 millones de dólares para 'The Institute for Human and Machine Cognition' de Pensacola, en Florida. Tras ganar en una competición con quince rivales, ellos van a ser los encargados de poner las primeras piedras del proyecto que ha pasado a llamarse "Peerles Operator Biologic Aptitude Effort". Su propósito es realizar un mapa de las redes y circuitos moleculares que conducen las reacciones físicas, fisiológicas, cognitivas, de comportamiento e interacción con el equipo que llevan al éxito de un 'operador' en situación crítica. 

La memoria muscular, ese habilidad que se ha de tener y entrenar de forma obsesiva por los efectivos de las fuerzas especiales, es una de las claves para elegir correctamente el destino de un candidato en su fase de reclutamiento. Y eso pretenden los responsables del Pentágono, no perder el tiempo. Saber en el primer estadio de una carrera en las Fuerzas Armadas a quién han de derivar al campo de batalla y qué individuo debe quedarse detrás de la mesa de un escritorio. Para ello no basta medir las condiciones físicas o la aparente capacidad de soportar la presión, se necesitan datos del organismo del recluta.

Darpa señala que se necesitan sistemas que conviertan el código genético en datos cognitivos, conductuales y físicos observables. Igualmente se espera registrar los rasgos de rendimiento. 

"El último día fácil fue ayer" es el lema de los Seal, y en este tipo de unidades no se permiten bloqueos o fallos. Matar también puede ser un oficio exigente.

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