Cuidado con la sal

La realidad del embutido de pavo: cuál es más saludable y cuál hay que evitar

Sandwich de pavo
Sandwich de pavo
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Sandwich de pavo

Existe la creencia generalizada que el embutido de pavo es más saludable que cualquier otro. Que es el que menos engorda, el que tiene menos sal, que no tiene grasa y que podemos comer todo el queramos. Lo sentimos. Como en todos los alimentos, hay una gama de más calidad y otra de menos, en la que cambian los ingredientes, el sabor, el precio y demás características. Vamos a analizar las tres principales formas en las que lo encontramos en el supermercado, para ver cómo podemos disfrutar del pavo.

Lo primero que debemos diferenciar es el embutido de pavo de la carne de pavo, una de las más saludables por sus bajos niveles de colesterol y grasas y altos en proteínas, que encaja a la perfección en una dieta saludable. Por su parte, el embutido es similar en cuanto a las calorías, pero muy distinto en su composición e ingredientes. Por eso es tan importante revisar el etiquetado, sobre todo por aquellas personas que lo compran para hacer dieta.

Para acertar cuando compramos embutido de pavo, debemos huir de los mensajes publicitarios  que nutricionalmente tienen poco significado, como el grosor de las lonchas o el 'estilo tradicional' o 'artesano'. Lo importante es comprar aquellos que tengan un mayor porcentaje de pavo y que tenga la menor cantidad de ingredientes y de sal posibles. Existen diferentes formatos, pero a continuación vemos tres para ver cuál es más recomendable.

Fiambre de pechuga de pavo

Fiambre de pavo
Fiambre de pavo
Campofrío

Vamos a ir al grano: es un alimento ultraprocesado. No es comida realSi bien podemos encontrar mensajes de marketing como bajo en grasa, bajo en sal o bajo en calorías, lo cierto es que hay que ir hasta la etiqueta para comprobar realmente los valores nutricionales. Dependiendo de las marcas, suelen contener menos de un 50% de pavo en su elaboración. El resto de la receta son todo tipo de ingredientes que pocos tienen que ver con el pavo o con la carne. Lo podemos encontrar ya troceado, en barra o en formato lata.

Suele predominar la presencia de agua en segundo lugar, seguido del almidón o fécula. Si lo contiene deja de llamarse jamón de pavo para denominarse fiambre de pechuga de pavo. La fécula puede indicarse como glucosa, abarata el producto y aumenta el peso, pero reduce los aportes nutritivos. Le dan una textura jugosa y modifica el sabor, aunque no es malo para la salud, de ahí que algunas marcas anuncien sus productos como 'jugosos' o 'extrajugosos'. También hay que tener cuidado con la sal, ya que estos envases superan los 2g cada 100g de producto. La AESAN considera que un alimento tiene alto contenido en sal cuando supera 1,25 g, mientras que el máximo diario recomendado por la OMS es de 5g al día.

Pechuga de pavo en lonchas

Lonchas de pechuga de pavo
Lonchas de pechuga de pavo
El Pozo

Una de las formas más habituales en las que consumimos pavo es en lonchas. Las marcas nos abruman con los mensajes de 'lonchas finas'0 'finissimas', además de 'bajo en grasas' o 'reducido en sal'. Como siempre, mejor revisar el etiquetado para comprobar hasta qué punto es así. Estos alimentos no contienen fécula, por lo que no se consideran fiambre. Y lo más importante, la cantidad de pavo se sitúa en torno al 65 o 70% del total.

Entre el resto de ingredientes predominan el agua, aromas, dextrosa, estabilizantes, sal, azúcar, antioxidante o conservador. Las marcas no están obligadas a informar sobre el porcentaje, pero sí ordenarlos de mayor a menor presencia, por lo que podemos hacernos una idea. Cada 100g de producto suelen contener entre 75 y 90kcal, y entre 1,3 y 2,4g de sal.

Pechuga de pavo natural asada

Pechuga de pavo natural asada
Pechuga de pavo natural asada
Frial

Cuando pedimos al charcutero que nos corte unas lonchas de pavo, tenemos la oportunidad de preguntarle cuál es el más saludable. Por ejemplo, la pechuga braseada está compuesta por casi los mismos ingredientes que la ya envasada par facilitar su conservación y jugosidad. Por eso, la mejor opción es comprar la pechuga de pavo natural.

Este producto supera el 95% de pavo, por lo que las cantidades de aromas o conservadores son mucho menores. Además, su precio no es superior y ronda 1,5€ los 100 gramos. Igual que los anteriores, este producto puede superar los 2g de sal cada 100 de producto, por lo que como con cualquier embutido, no podemos abusar de su consumo.

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