El sexo convencional con el paso del tiempo puede llegar a convertirse en el vehículo por el que llegamos al orgasmo y la eyaculación. Es como cuando te vas de vacaciones a un destino paradisíaco pero para llegar tienes un aburrido vuelo de 10 horas. El tantra se encarga de hacer ese viaje mucho más placentero, disfrutando de cada segundo, de diferentes olores y posturas, pero sin necesidad de sufrir un 'jet lag' que nos deje con la energía por los suelos.

Cuántas veces los hombres se sienten frustrados al no conseguir una eyaculación practicando sexo. En muchas ocasiones además, la mujer es incapaz de tener un orgasmo o disfrutar de su vida íntima por la dejadez o poca sensibilidad de sus parejas. El sexo tántrico es totalmente recomendable, no sólo para cada uno de estos casos sino también para todos aquellos que aún no son capaces de disfrutar al 100 por 100. 

El fin no es la eyaculación

Hay que dejar claro que en este tipo de técnicas orientales el fin no es la eyaculación. El placer se consigue cuando la pareja logra estar en total armonía, sus respiraciones sincronizadas, el dulce aroma del sexo mezclado con el ambiente en el que cada uno se sienta cómodo y en la postura en donde la mujer sea capaz de hacer disfrutar al hombre, a la vez que goza ella y toma las riendas del encuentro sexual.

Para los practicantes de tantra, eyacular sólo significa perder energía (no confundir con llegar al orgasmo). De hecho recomiendan que con tan sólo practicar una vez al mes el coito es más que suficiente, siempre y cuando se haga bien. La calidad no va de la mano de la cantidad y la penetración es una fase más para llegar al orgasmo pero no la única. Es aquí donde entra la figura de la mujer. 

Chicas, en el tantra hay que dejar de hacer la postura de la rana y ser nosotras unas amazonas que dirijamos a nuestras parejas. La mujer es quién se coloca encima del hombre, controlará cada uno de los movimientos del acto. En un primer momento, la penetración incluso puede ser estática y durar hasta más de media hora. Nosotras sólo utilizaremos nuestros músculos de la vagina para dar y darnos placer sin necesidad de tener una eyaculación. 

Kali, la diosa del erotismo

Kali dentro del tantra es la diosa capaz de despertar el erotismo de los más poderosos a través de sus encantos. Normalmente, se la ilustra teniendo sexo con Shiva, rendido ante una fémina que le está dominando su propia eyaculación pero no su placer. Dentro del tantra esta imagen es conocida como 'El Dominio de Kali'

La mujer se convierte en dueña de su cuerpo, del de su pareja y del placer de ambos. Ahora ya no tenemos razón para no sentirnos unas auténticas diosas en la cama. El imperio sexual de la mujer llega con la práctica de las técnicas del tantra.