O pasarse o no llegar. Así es el ser humano. Hartos de una sociedad marcada por el empleo abusivo del sexo, que impregna todas las parcelas de la vida cotidiana, existen personas que huyen del "mete-saca" y se centran en algo olvidado para muchos de los mortales: los preliminares.

Nuestros padres lo llamaban magreo y los nacidos antes del año 2000 lo catalogamos como "petting". Ahora, esta moda vuelve a pisar fuerte y se hace grande a través de la denominación 'king out', o lo que es lo mismo, el "rey fuera": sin penetración. Esta forma de entender el sexo no es nueva pero está marcando tendencia. Besos, caricias, abrazos y masturbaciones mutuas forman parte de la relación sexual. Todo está permitido excepto el coito.

Sobarse es terapéutico

Follar va a dejar de ser algo de 'mayores'. Con esto no quiero decir que todos los adolescentes se vayan a poner a echar polvos como locos, pero al parecer, la práctica del 'king out' ayuda a subir la libido de las parejas cuya relación sexual ha caído en la monotonía.

Muchos sexólogos recomiendan el magreo cuando la llama de la pasión se ha venido abajo. Hay dos alternativas para resucitar el deseo sexual entre dos personas. Por una parte, buscar alternativas e innovar a la hora de mantener relaciones sexuales; por otra, practicar el 'king out', es decir, dejar con las ganas a la pareja para que aumente su deseo sexual y echar un polvo en condiciones a posteriori.

No confundir con sexo tántrico

Algunos hombres pensarán que esta práctica es egoísta pero cuidado, porque ellos pueden disfrutar del magreo tanto o más que la mujer, descubriendo nuevas zonas en su cuerpo (como el ano o los pezones) con las que experimentar.

Ojo. No debemos confundir esta práctica con el sexo tántrico. El 'king out' permite llegar al orgasmo sin necesidad de penetración. En el tántrico, lo normal es que no se produzca penetración pero tampoco es necesario alcanzar el orgasmo. El punto en común es que ambas formas de entender y practicar sexo utilizan el deseo como herramienta principal.