'Selfie' con turbina
Un hombre posa junto a la turbina de un avión expuesto en el Salón Aeroespacial de Singapur. Wallace Woon / EFE

Este domingo salió a la luz una noticia, una adolescente catalana se encaramó a la cornisa de un octavo piso para hacerse un selfie… esta noticia refleja el punto hasta el que se ha llegado con la era de las redes sociales: el estar dispuesto a hacer auténticas locuras, a arriesgar la propia vida –algo tan valioso como eso- simplemente para llamar la atención y conseguir el reconocimiento del resto de personas.

La sociedad hiperconectada en la que vivimos nos ha inculcado que gran parte de nuestra autoestima se debe basar en los likes que recibimos, en las interacciones digitales y, ¿qué genera eso? Que cada vez se quieran hacer cosas más descabelladas para conseguir la admiración virtual de los demás, un comportamiento inútil. Las redes sociales se han convertido en un tendedero de egos donde cada uno cuelga su autoestima y cuya estabilidad sólo depende de un hilo basado en un cierto número de interacciones.

Esto además, supone una auténtica bomba de relojería si tenemos en cuenta que los adolescentes se encuentran en plena formación de su personalidad y que el verse influenciados por cualquier tipo moda es algo realmente fácil. Aunque lo cierto es que no son sólo ellos los influenciados en este aspecto, las personas adultas también llegan a este punto para alcanzar el selfie soñado.

Óscar Otero se disparó por accidente.

Según la organización Priceonomics, entre 2014 y enero de 2016 murieron en todo el mundo 49 personas mientras se hacían un selfie. El 40% de las muertes (19) se produjeron en la India, país que encabeza el ránking, seguido de Rusia (7), Estados Unidos (5) y España (4). Nuestro país se sitúa como el segundo con más muertes por selfies en relación a su población.