No decimos nada nuevo si recalcamos que demasiada sal es mala para el organismo, pero quizá no teníamos en cuenta alguna consecuencia que aún no se había revelado. La ciencia se empeña mucho en hacernos la vida imposible sacándole nuevos inconvenientes a todo lo que nos gusta, ¿verdad? Pues ahora le toca el turno a la sal. Parece que hay nuevas investigaciones que habrían demostrado que una dieta rica en cloruro sódico puede tener un efecto inesperado en la salud más allá de los típicos problemas cardíacos y de la presión arterial alta de toda la vida.

Concretamente, en un nuevo estudio publicado en la revista Nature Neuroscience han experimentado con ratones para buscar posibles consecuencias de la nutrición rica en sal. En su diseño, los roedores fueron alimentados con una dieta súper salada para estudiar posibles efectos en su organismo, y lo que encontraron fue que los animales mostraban signos de disminución del rendimiento mental y deterioro cognitivo debido a que sus cerebros no tenían la sangre suficiente. Después de comer altas concentraciones de sal en la comida, los ratones habían perdido la mayor parte de sus habilidades de resolución de laberinto que habían ganado con aprendizaje y esfuerzo. Finalmente, incluso dejaron de responder normalmente a un estímulo de sus bigotes.

Lo más significativo de la observación es que este cambio en la función cerebral se producía incluso cuando la dieta no elevaba su presión arterial. Este detalle sugería que pasaba algo más aparte de los efectos ya bien conocidos y estudiados de la sal en la salud vascular. Por tanto, en sus conclusiones, el estudio da por hecho que el cerebro es un objetivo principal de los efectos nocivos del condimento. Los roedores desarrollan una marcada condición llamada hipoperfusión cerebral que en humanos da lugar a pérdidas bruscas del conocimiento; es debida a un descenso repentino del flujo sanguíneo cerebral o por cambios en la composición química de la sangre, como es el caso.

Pero además de dicho síncope, también se observó una alteración significativa en la regulación del endotelio, el tejido que recubre la parte interna de los vasos sanguíneos. Esta regulación es clave en la microcirculación cerebral, por lo que al modificarse lleva a un deterioro cognitivo posterior. Para llegar a estas conclusiones, los científicos dieron de comer al grupo de ratones incrementando de 8 a 16 veces su ingesta normal de sal, estimando una cantidad que según los investigadores sería comparable al pico máximo del espectro del consumo de sal humana haciendo un cálculo a escala. Con esa subida se registró una reducción del flujo sanguíneo en la corteza y el hipocampo, dos regiones cerebrales importantes que están asociadas con la memoria y el aprendizaje.

El experimento duró un periodo largo y, después de unos tres meses, los ratones se volvieron prácticamente dementes. Son muy curiosos por naturaleza y les gusta buscar cosas nuevas, y con el tiempo los del laboratorio perdieron la capacidad de identificar un objeto normal. Fue una reacción particularmente extraña, porque también se observaba en ausencia de una presión arterial alta, que podría haber sido la causante. Con una investigación adicional se mostró que las altas dosis de cloruro sódico estaban provocando una respuesta inmune en el intestino delgado de los ratones, lo que daría lugar a un aumento de la circulación de interleucina-17, una sustancia inflamatoria que modifica los intercambios químicos dentro de los vasos sanguíneos del cerebro.

Hasta ahora, este estudio solo se ha llevado a cabo en ratones pero los investigadores creen que es muy probable que los mismos resultados se apliquen a los humanos. Alguna documentación y estudios previos han demostrado que las dietas saladas suelen estar asociadas a la pérdida o limitaciones de la función cerebral, la diferencia es que eso siempre se creyó que estaba muy relacionado con otros problemas derivados del consumo de cloruro sódico como la presión arterial. Ahora, esta investigación ha demostrado el mecanismo por el que la sal puede afectar al cerebro directamente de una forma más clara. El consumo de sodio recomendado es de menos de 2,300 miligramos por día, es decir, aproximadamente una cucharadita de sal. Ahora que sabemos estos nuevos efectos, será mejor acostumbrarse a los platos no tan sabrosos.