La televisión nos ofrece un número considerable de imágenes de mal gusto, pero la que pude ver el otro día se llevaba la palma: un presentador de la TV holandesa mamando de los pechos de una mujer que recientemente había dado a luz. Muchos podrían haber sido los temas percha para hablar del suculento mundo de los pechos, pero creo que éste es el que mejor define lo que quiero hoy transmitir sobre ellos.

Variedades para todos los gustos

Tetas las hay de muchas clases: caídas, de pera, operadas, gordas, planas... Casi tantas como mujeres hay en el mundo. Podría decir que son una especie de marca de identidad o huella dactilar, no hay cuatro pechos iguales. De hecho, no suelen existir ni el par exacto. Está claro que el sexo masculino se siente atraído por ellas y que las mujeres sabemos que poseemos un par de armas al frente de nuestro cuerpo capaces de volver locos a un hombre. 

La verdad es que ambos casos son normales y dignos de la naturaleza humana. En lo que no estoy de acuerdo es en negar estas evidencias. Como siempre, no quiero generalizar pero creo que estoy en lo cierto cuando digo que 'burro grande, ande o no ande'.

Existe un cinismo inmenso en la sociedad cuando decimos que lo que realmente se lleva es el pecho pequeño, cuando cada año se demandan más las mamoplastias. Si preguntamos a muchos de nuestros chicos dirán que el tamaño no importa (vamos, como si nos lo preguntan a nosotras) pero ante la posibilidad de contratar a una stripper para una despedida de soltero, cuanta más protuberancia tenga, mejor. ¿Por qué entonces nos mentimos y mentimos a nuestras parejas cuando ambos saben que dos tetas tiran más que dos carretas?

Instinto animal

Algo tan natural como el pecho grande se ha llevado siempre y por varias razones. Es un símbolo de fertilidad y el hombre en su instinto más salvaje compara un pecho grande con el hecho de que una mujer le pueda dar descendencia. Al igual nos ocurre a nosotras. Nada tiene que ver que nuestras 'ubres' sean más o menos dignas de tamaño para dar de mamar al bebé, pero está claro que parece que 'cuando la despensa está llena, se llenan más los estómagos'.

A mí me parece que cada uno debe elegir qué hacer con su cuerpo. Puedes ser feliz con tu talla 85, puedes colocarte el pecho en su sitio después de haber tenido un bebé o te puedes poner las tetas de Yola Berrocal. La gente debe ser feliz con lo que tiene, y si no lo tiene, no veo el problema de pasar por un quirófano. Eso sí, el respeto debe prevalecer y te deben querer por lo que eres o desear sexualmente por lo que tienes, sin la necesidad de convertirte en otra persona por agradar a los demás.