Son infieles, inconformistas y promiscuos. Personas que no se casan con nadie y huyen de las ataduras de la convivencia en pareja. Este tipo de hombres y mujeres están influenciados por el 'efecto coolidge', es decir, el conjunto de sensaciones que genera tener un nuevo compañero sexual. Se conoce también como "renovación energética del sexo", cuyo principal reclamo, desde mi punto de vista, es: ¡Practica sexo siempre que puedas y las fuerzas te lo permitan, sin pensar en el daño que puedas estar haciendo a los demás!

Esta conducta se ha achacado más a los hombres que a las mujeres. En el reino animal, los machos de diferentes especies se sienten cansados tras aparearse repetidas veces con una misma hembra. Sin embargo, la aparición de una nueva hembra les reactiva el deseo sexual y las ganas de comenzar un nuevo periodo de apareamiento.

Apología de la infidelidad

Este tipo de actos aparece cuando solo hay un macho para fecundar a diferentes hembras. En los seres humanos esto no ocurre, claro, y hombres y mujeres tienen las mismas opciones de saltar de pareja en pareja cuando quieran.

Los promotores de esta tendencia aseguran que cambiar de pareja reactiva el deseo sexual, por lo que no se cortan al hacer apología de la infidelidad. Pero más allá de teorías evolutivas basadas en el reino animal, las ganas o no de tener pareja y serle infiel no dependen del número de hombres y mujeres que nos rodean, sino de la capacidad de raciocinio de cada uno.

Sexo y deseo

Los extremos nunca son buenos. Ni la persona conformista que pasa los días con una pareja con la que no tiene ningún tipo de deseo sexual, ni aquella que es incapaz de sentir lo que es el amor de larga duración por la pérdida de libido a los tres meses de estar con alguien. El sexo y el deseo son dos conceptos que van de la mano y se desarrollan al mismo tiempo que la pareja. En mi opinión, si una cosa no funciona se deja y punto, pero no sin antes haberlo intentado.

Las personas somos animales que vamos despojándonos del instinto a la vez que evolucionamos. Es decir, comenzamos a pensar con la cabeza en vez de con los genitales. El 'efecto coolidge' no es una excusa para ser infiel, pero tampoco es malo cambiar de pareja sexual constantemente, siempre y cuando no se prometa amor eterno.