Hoy en día se aprueban leyes que afectan a la educación, a la sanidad, al tráfico... o a la sexualidad. España fue el cuarto país en regular los matrimonios homosexuales, dos días después que Canadá, aunque la ley española entró en vigor antes: el 3 de julio de 2005. 

Otras leyes relacionadas con el sexo no son tan avanzadas como esta, pasando incluso la línea de lo absurdo. Hoy he querido dejaros con algunas perlitas para amenizar la lectura.

Lo que más me ha llamado la atención es que la mayor parte de las leyes absurdas que hablan de sexo no se encuentran en países islámicos o en civilizaciones perdidas… ¡Las vemos en países como Estads Unidos! 

Sexo en una ambulancia

Por ejemplo, en Utah está prohibido tener sexo en una ambulancia. En el caso de que te pillen, el nombre de la chica aparecerá en el periódico de la zona. Qué faena para el chaval, ¿no? ¡Toda la vida son ellos los que quieren fardar de andanzas sexuales y ahora son las mujeres quienes salen en la prensa!

Por norma general, las féminas siempre salimos perdiendo con este tipo de leyes. Menos en Barheim, donde podemos acudir al ginecólogo sin tener ningún tipo de pudor, pues nuestro ginecólogo tendrá que mirar nuestro cuerpo a través de un espejo y nunca directamente. Yo que soy incapaz de hacerme bien un moño del pelo como para hacer una citología a la inversa.

Virginidad

Lo de la virginidad es otro punto importante, ya que si para la Iglesia es obligatorio llegar casto y puro, en otros lugares como Guam... ¡está prohibido casarse sin desflorarse! Menos mal que tienen hombres que 'desinteresadamente' se dedican a quitar la pureza a las mujeres, las cuales pagan religiosamente por el servicio.

Y si pensamos que los mejores culebrones son los que vienen desde Latinoamérica estamos equivocados, ya que según la ley boliviana no se pueden mantener relaciones con una madre y una hija a la vez. Pero eso sí, en Cali (Colombia) puede estar presente en el momento en el que su 'hijita' pierde la virginidad.

Son sólo algunos ejemplos de cómo andan las cabezas de quienes promulgan las leyes en algunas partes del mundo. Menos mal que en muchas ocasiones, somos los propios ciudadanos los que nos imponemos a ellas. Hasta que nos ponen la primera multa.