Israel Concha nació hace 38 años en México pero no tiene recuerdos de haber vivido en ese país. Su vida es el ejemplo de una situación que comparte con cerca de 1 millón de personas. Apátridas en busca de oportunidades negadas por legislaciones que se permiten catalogar a personas humanas como ilegales. Hablamos de los 'dreamers', soñadores con una vida que a veces se torna en pesadilla. La historia de Israel es la de un obligado viaje… de ida y vuelta.

"Yo llegué a Estados Unidos a los cuatro años, sin uso de razón. Mis padres me llevaron al estado de Texas donde ahí viví prácticamente toda mi vida. Yo crecí sabiendo que era indocumentado y precisamente se me fueron muchas oportunidades por no contar con ese papel que acreditaba mi situación. Pero seguí luchando, me gradué de primaria, secundaria, incluso de Administración de Empresas en la universidad" asegura Concha, quien recibe a Gonzoo en las oficinas de coworking desde donde trabaja su fundación 'New Comienzos".

Durante su pasado en Estados Unidos, Israel aprendió varias lecciones que hoy comparte con otros compatriotas deportados. Ellos también saben lo que es crecer en una sociedad que no te permite competir con las mismas garantías que los demás. Por eso escuchan atentos las palabras de su mentor: "Después de formarme llegó un momento en el que yo supe que ya no podía trabajar, era contra la ley. Pero nada me impidió crear mi propia empresa de transportes, así que lo hice y me fue muy bien. Daba trabajo a 8 empleados y más de 25 chóferes norteamericanos. Yo trataba de ser un ciudadano ejemplar, modelo”.

Y lo era, pero con este estatus migratorio cualquier desliz podía quebrar su sueño americano. Especialmente en un estado como Texas, “un día teníamos mucho trabajo y me tocó a mí recoger a un cliente. Y sí, no voy a mentir, iba rápido en la autopista, y lo que para otra persona habría sido una multa para mí fue el comienzo de una pesadilla” confiesa el líder de New Comienzos. Israel no pudo justificar su situación migratoria y, como recuerda, esa multa de tráfico “se convirtió en un caso federal: Israel Concha contra el Estado de Texas. Me trataron como a un criminal”.

Para un dreamer un arresto suele suponer la deportación inmediata a su país de origen. Israel tenía todo en contra y aun así decidió no bajar los brazos ante lo que consideraba una injusticia: “Yo hubiera podido firmar un documento con el que me hubieran deportado al día siguiente, pero decidí luchar. Era eso o haber estado toda mi vida preguntándome qué hubiera pasado”.

Lo cierto es que nadie podrá negarle que lo intentó. Israel estuvo arrestado en un centro de detención de inmigrantes durante más de 2 años mientras esperaba el juicio que determinaría su situación. Hasta entonces permanecería hacinado 23 horas al día en una habitación de 5 por 7 metros, junto a otros 50 internos. Unos momentos que Israel recuerda con mucha emoción: “De un lado estábamos los inmigrantes y del otro teníamos una prisión federal. Los verdaderos delincuentes vivían mucho mejor que nosotros. Esas condiciones son las que están pasando los detenidos, entre los que llegué a conocer de todos los países, también de España”.

Finalmente su lucha no obtuvo recompensa; Israel fue deportado en el año 2015, esposado de pies, manos y cintura en un autobús hasta la frontera con México. Por fin iba a conocer su país de origen aunque no de la manera que le hubiera gustado. “Cuando regresé veía que no había servicios, me sentía como un desconocido en mi propio país, como un exilio americano… en Estados Unidos no te quieren y en México no te identificas con el sistema… no somos ni de aquí ni de allá”, asegura Concha.

Su espíritu empresarial le llevo a buscar nichos de mercado en México donde los dreamers podían ser de utilidad. Ahí fue cuando dio con los callcenter que aunque ofrecían puestos nada presuntuosos al menos eran un comienzo: “siendo bilingüe, teniendo algo de experiencia en atención al cliente, normalmente no tardas ni 24 horas en tener una oferta de trabajo con todos los beneficios de ley. Vi que era una ventana interesante para otros que iban a encontrarse en mi misma situación” asegura Israel quien trabajó como teleoperador varios meses mientras le daba vueltas a una idea mucho más grande.

Fue en este momento cuando surgió la idea de ‘New Comienzos’. Desde su fundación hace 2 años ha podido brindar apoyo a más de 3.500 personas y con el reciente anuncio de Trump, de acabar con DACA se ven ante la tarea de asumir las responsabilidades de un estado en materia de apoyo a retornados.

En la actualidad hay 11 millones de personas residiendo sin autorización en Estados Unidos y los dreamers, alrededor de 800.000, son el subgrupo con mayor aceptación ya que están perfectamente adaptados a su cultura y no tienen responsabilidad directa de su estatus migratorio. El 80% de ellos nacieron en territorio mexicano, lo que podría provocar que en los próximos meses, y si el Congreso de Estados Unidos no lo frena, una deportación masiva de estos jóvenes bilingües y binacionales a México. Una deportación que el país azteca “no está preparada para atender”, como apunta el fundador de New Comienzos.