Mucho cuidado con los mirones. Soy una mujer a la que le encantan los piropos bonitos, a pesar de que en ocasiones me saquen los colores. Es maravilloso que una persona te diga lo guapa que estás, pero hay un límite en las formas. Cada vez son menos las personas que piensan que una mujer, por el hecho de pintarse, ponerse tacones o llevar un gran escote están expuestas a recibir todo tipo de comentarios (buenos o malos). Es cierto que todavía algunos piensan que la provocación de la mujer es la culpable de miradas y conversaciones y por ello debe aguantarlas.

Derecho a la intimidad

Si mirar descaradamente un escote ya me parece ofensivo, grabar con cualquier tipo de artilugio los rincones más recónditos de una persona ('upskirt'), además de ilegal, me parece cuando menos denigrante. Para quien no lo sepa, supone un delito contra la intimidad de la persona y está penado por ley (Art. 18 Constitución Española). Por ejemplo, en agosto de 2011, un hombre fue detenido en Tarragona al ser descubierto por policías locales cuando se disponía a realizar un vídeo de estas características a la novia de su hijo

Fragonard

¡Cuidado con el topless!

Antes era mucho más difícil mirar por debajo de la falda de una mujer. O te ponías a curiosear mientras la chica subía una escalera o fantaseabas con el color de la pieza de lencería que llevaba. Ahora, con la mejora de la telefonía móvil y de las cámaras que incorporan, basta con dar al play y tienes un vídeo para consumo personal, o lo que es peor, para lucrarte con su reproducción en internet.

La playa, el gimnasio o la calle se convierten en auténticos platós de grabación de contenido erótico y no es muy difícil ver el topless de la vecina del quinto publicado en la red. Cuando seamos conscientes de una grabación ilegal debemos denunciarlo a la policía, ya que detrás de un objetivo quizás no sólo se encuentre un depravado si no toda una red de pornografía que esté ganando dinero a costa de nuestra subida de faldas.