Si eres uno de los chicos afortunados que me hizo caso en mi propuesta de estimular su zona perianal (entre testículos y ano) para llegar a sentir su punto P seguro que te has 'dejado caer por aquí' para pedirme más. ¿Buscas la estimulación interna?

La zona anal es un lugar donde confluyen muchas terminaciones nerviosas y, por tanto, muy susceptible a cualquier estímulo. Al igual que puede resultar muy placentera su manipulación, si se hace mal llega a convertirse en un auténtico calvario. Pero tranquilos que aquí estoy yo para daros unas cuantas nociones de cómo abrir la puerta trasera sin que chirríe.

Paso a paso

El punto uno, y yo creo que el más importante, es el de habilitar la zona. Sigamos con el símil de la puerta. Cuando entras en una casa te gusta encontrar todo limpio, ordenado y que huela bien. Lo mismo ocurre con nuestra parte trasera —esto también va por nosotras chicas—. Los menos pudorosos se conforman con limpiar externamente la zona pero para no encontrarnos sorpresas una buena lavativa será nuestro principal aliado.

Ya sabemos que debemos abrir las puertas con precaución y despacio no sea que asustemos a quién haya detrás. Podemos hacerlo masajeando la zona exterior en círculo y utilizando los dedos. Primero uno, luego dos... Recuerda: el puño es para un nivel avanzado Es aconsejable usar un lubricante, hará que la penetración sea mucho más fácil y menos dolorosa.

Dilatadores para facilitar la tarea

En el mercado existen una serie de juguetes llamados dilatadores anales. Son muy recurrentes y fáciles de manejar y, al igual que nuestros dedos, preparan el lugar para la penetración. Procurad no utilizar artilugios sin tope. El agujero oscuro es un gran 'chupóptero' y no queremos que se pierdan los cachivaches dentro de nuestro cuerpo.

Nos disponemos a introducir el pene. Recuerda, abre la puerta con cuidado, no seas brusco. Si has sido invitado a esa casa pero en el último momento no eres bien recibido, date la vuelta y vete. En este tipo de práctica sexual, como en todas, debe existir un consenso entre las partes, pues en muchas ocasiones el dolor puede estar por encima del placer.

Buscar la posición más adecuada

Si la invitación sigue hacia delante hay que ir poco a poco. Los movimientos deben ser acompasados y se debe buscar la posición más adecuada para que sea más fácil introducir el pene. Desde mi punto de vista, la mejor postura es la de 'la sillita', es decir, los dos de lado y en posición fetal. A veinte uñas —a cuatro patas—, la primera vez puede resultar más doloroso por dos razones: la penetración es mucho más profunda y el que recibe no controla la profundidad de penetración.

Como todo en la vida es cuestión de práctica. No hay nada de abominable en el sexo anal siempre y cuando haya comunicación entre las partes. Ya se sabe, en la vida, como en el sexo, siempre hay que dejar las puertas abiertas.