Ese cosquilleo que se instala en el estómago. Una inquietud que se apodera del cuerpo y de la mente de aquellos que piensan que cuando su pareja sale de fiesta, el sexo y la lujuria se apoderan de su entorno. Algunos de estos celópatas se resignan a quedarse en casa, pero otros deciden salir a la calle como remedio para no pensar en lo que hace la otra persona mientras está de fiesta.

Hay quienes niegan que los celos muevan la maquinaría de la infidelidad, pero otros piensan que ante la posibilidad de ser cornudos, es mejor pecar de infiel que llorar por un engaño. ¿Por qué las mentes de los seres humanos son en ocasiones tan retorcidas? ¿Por qué no podemos pensar que la pareja necesita un espacio ajeno al nuestro sin necesidad de que exista flirteo con otras personas?

Quienes tienen la suerte de tener confianza y crear una relación madura disfrutan de una vida en pareja mucho más sana, sin cuernos ni tentaciones que arruinen la relación por un rollo de una noche. Mi consejo es que no salgas por despecho, egoísmo o celos, pues son el motor de la infidelidad.