Tener una primera cita es esencial para conocer más a fondo a la persona con la que hemos quedado pero, ¿debemos fiarnos de que no nos están tendiendo una trampa y estamos bajo las fauces de un o una infiel? Os voy a enseñar unas cuantas formas de cómo darnos cuenta en tres citas de si la persona de la que nos estamos engatusando está soltera o por el contrario busca una relación paralela que le salve de su monótona vida con su chico o chica.

Una noche conoces a alguien y ambos os gustáis de manera que te propone una cita. Es esencial mantener el contacto pero esta persona esquiva por todos los medios hablar por redes sociales. Te dice que no tiene ni Facebook, ni Tuenti ni Twitter, que le encanta su privacidad y es poco dado a contar su vida por la red. De acuerdo, lo haremos por teléfono. Nos pide el nuestro y de una forma muy galante nos dice que ya se pondrá en contacto contigo. Te vas a casa sin su teléfono. Primer síntoma de infidelidad: no tienes posibilidad de contacto con esa persona.

Primera cita: teléfono desconocido

Pasan los días y no hay señal de vida. Un viernes por la mañana y desde un teléfono larguísimo que dice ser el de una cabina o el de la oficina de trabajo (se rompió el móvil), te llama tu ligue. Preguntas qué ha hecho toda la semana sin decir nada: líos de curro, ya se sabe. Pero se pone tonto con palabras bonitas y cerráis para esa misma noche una cita en un restaurante un poco alejado de toda humanidad.

«¿Te paso a buscar por casa?», preguntas. «No, iré directamente, tengo cosas que hacer antes», contesta. Llega diez minutos tarde y se asegura un asiento en el que pueda mirar hacia la puerta, teniendo el control de quién entra y sale del lugar. Durante toda la cena no has parado de hablar ti pero tu ligue ni 'mu' de su vida privada.

Al terminar decide que está cansado y que una copa no vendría mal pero en tu casa. ¿Por qué no la suya? Obvio, estaríais acompañados. Como no te hace mucha gracia que suba a casa en la primera cita antepones un NO por respuesta. Te acuestas sin su número de nuevo.

Segunda cita: siempre a la misma hora

Segunda cita: nueva llamada. Habla en bajo. Pregunta de nuevo dónde vives. Quiere darte una sorpresa. ¡Sí! Me ha vuelto a llamar. Aparece en tu casa con una botella de Gyn Marie y tu peli preferida. Piensas: escuchó que me encantaban Los Puentes de Madison, está claro, no sólo quiere sexo. ¡Error! ¡Has caído en sus fauces! Copas, pelis, revolcón en el sillón...Y la negación ante tu propuesta de que se quede a dormir. Tiene ''cosas'' que hacer mañana.

Tercera y decisiva semana: el hotel

Vuestra tercera cita volverá a ser entre cuatro paredes ¿Tendrá agorafobia esta persona? Quedáis en el hotel del polígono, ese donde sólo van los ponentes a ferias y congresos. Hacéis el amor. Esta vez no hay ginebra de por medio pero tampoco se queda a dormir. Sigues sin saber nada de tu amante. A la mañana siguiente te exigen pagar la chocolatina que te tomaste del minibar. «Me dijo que estaba todo pagado», «Sí...el Señor Luis Gutiérrez García», «Señorita Blancanieves» (era como debías llamarte para el conserje del hotel). La persona con la que estaba no corresponde con ese nombre.

¡Te la dieron con queso! Vale, repasemos las claves para darnos cuenta de que estamos saliendo con alguien con pareja:

  • No te proporciona su teléfono ni te agrega a sus redes sociales.
  • Queda en lugares apartados, siempre llama desde números desconocidos.
  • No te presenta ni sabes nada de su círculo social. No habla de trabajo.
  • Nunca recoges ni te recogen, siempre quedáis en un lugar y llega antes o después que tú.
  • Pasa los días sin dar señales de vida pero cuando lo hace es persuasivo y amable.
  • Pone gran interés en tus gustos, conversaciones y anécdotas pero las suyas brillan por su ausencia.
  • Quedáis los mismos días de la semana, sólo cuando él quiere y siempre vuelve a casa a la misma hora. 

Si te ha ocurrido o te está ocurriendo, más vale que huyas. Estás enamorándote de una persona con pareja. Eso, o de un misterioso agente de la CÍA pero creo que esto último sólo pasa en las películas de espías. Mantén los ojos bien abiertos y las piernas cerradas, no sea que te la metan doblada Me refiero a la mentira...