Abandonar hoy en día un empleo por iniciativa propia puede considerarse un acto que entraría dentro del género de la fantasía. Porque, desgraciadamente, en épocas de precariedad laboral resulta muy poco común que los empleados descontentos se atrevan a sacrificar algo seguro en busca de mejores oportunidades.

Pero aún quedan valientes capaces de dejar su trabajo, y lo que es más importante, algunos de ellos saben hacerlo de manera espectacular y con mucha guasa añadida.

Díselo en directo

Charlo Green renunció a su puesto como reportera, en la televisión KTVA de Alaska, a lo grande: proclamando su marcha de manera inesperada y en directo durante el informativo en el que colaboraba. Embelleció el asunto anunciando que era la dueña del club de cannabis de la región, que su plan inmediato era legalizar la marihuana en el país y remató despidiéndose de la cadena con un rotundo «Fuck it, i quit».

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Liz Wahl también aprovechó la atención de la audiencia para comunicar su retirada por motivos relacionados con otro tipo de humos. La periodista de la cadena Russia Today se salió del guion durante un informativo y comunicó su abandono alegando que no podía trabajar para un medio que blanqueaba los actos de Putin.

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Gwen Dean aprovechó una treta publicitaria, que combinaba anuncio multimillonario y muñecos de felpa, para dejar su trabajo: se alió con la empresa GoDaddy (proveedora de dominios web) para protagonizar un spot durante la pausa de la Super Bowl.

Un anuncio donde John Turturro y una Dean armada con una marioneta anunciaban ante cien millones de espectadores que la mujer abandonaba su empleo para ejercer de titiritera a tiempo completo. La gracia del asunto es que su jefe, que no tenía ni idea de aquello, estaba sentado en su casa viendo el partido y se enteraría de la renuncia al mismo tiempo que el resto del país. Y así fue.

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Menos elegante fue la partida de Steven Slater de su puesto como azafato en JetBlue Airlines. Tras un aterrizaje, y muy agobiado por el estrés, el hombre anunció al pasaje que se las piraba, agarró dos cervezas, abrió la salida de emergencia y se deslizó por el tobogán hinchable.

Slater se convirtió en leyenda nacional y la página de Wikipedia sobre el incidente, JetBlue fligh attendant incident, acabó siendo más extensa que las de muchos hechos históricos.

Díselo con azúcar

En 2013, Stu Jackson mostró en Twitter el modo en el que su cuñado, un caballero que se hace llamar Mister Cake, renunció a su empleo para dedicar más tiempo a su familia y su empresa pastelera: utilizando una tarta como misiva y rubricando sobre ella su despedida. Era un detalle tan encantador como para perdonarle el tropezón ortográfico de escribir «organisation» en lugar de «organization».

Pero el truco de la nota de despedida endulzada no era exclusivo de Míster Cake: un usuario de Reddit también reveló que había presentado su renuncia, junto a un compañero de curro, de manera igualmente pastelera pero con menos rodeos:

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Y otros tantos imitaron las formas: Mark Herman estampó su carta de despedida sobre merengue y bizcocho, la madre de una tuitera garabateó sobre dulces su abdicación, un anónimo pegó su jeta en un cartel de «Salida» dibujado sobre un pastel y muchos otros también optaron por la tarta para decir sayonara. En el caso del usuario technodeviant la cosa sucedió a la inversa: durante su último día de trabajo recibió una tarta que rezaba «Te veremos en el infierno».

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Díselo con juegos

Jarrad Wood trabajaba en la filial australiana de 2K Games cuando decidió abandonar el albergue de la gran empresa y lanzarse a producir videojuegos independientes. Anunció su marcha de manera muy simpática, a través de un falso videojuego de Mario (al que se le puede echar un vistazo aquí mismo).

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Un héroe anónimo se despidió de su trabajo dejando como legado para sus excompañeros otro tipo de juego: la tarea de localizar diversas fotos suyas que había escondido meticulosamente en los recovecos de la oficina. Dos años después de que el hombre se hubiese ido, los trabajadores del lugar seguían encontrando aquellas estampas pegadas en lugares tan rebuscados como el reverso de un reloj.

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Díselo con música

En 2011, Joey DeFrancesco optó por dejar su «empleo de mierda» en el hotel donde había militado durante tres años. Y decidió entregar a su jefe la carta de renuncia como lo haría cualquier persona civilizada: acompañado de una banda de música.

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Phil Sipka comentó a sus superiores que planeaba despedirse a lo grande de su puesto como camarero y filmar el momento. Y cumplió su promesa, ayudado por un coro y mediante una renuncia cantada que fue televisada para todo el país desde el talk show de Steve Harvey.

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En 2013, Marina Shifrin se encontró a las cuatro y media de la mañana trabajando en una empresa de animación taiwanesa y decidió que aquel empleo le estaba chupando la vida.

Cansada de un jefe que anteponía el número de visitas de los vídeos producidos a la calidad de los mismos, Shifrin decidió elaborar su propio clip de despedida denunciando el asunto mientras bailaba al ritmo de Kanye West. La ocurrencia se convirtió en fenómeno viral y actualmente el vídeo sigue circulando por Youtube, aunque la canción de West ha sido eliminada por cuestión de derechos:

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Con lo que la mujer probablemente no contaba era con la inusual repuesta que perpetró su jefe en forma de vídeo. Una parodia de los bailoteos de Shifrin donde el hombre danzaba junto a unos empleados que parecían ligeramente forzados a participar en la tontería.

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Como era de esperar, internet lapidó al jefe que quiso hacerse el enrollado y reverenció a una Shifrin que acabó recibiendo una oferta de trabajo en directo en el programa de Queen Latifah. Desde entonces Shifrin trabaja como guionista, ha publicado en medios como The New York Times, L.A. Weekly o Glamour y ha escrito un libro propio.