Manos expertas
Un profesional realiza un tatuaje en el brazo de un cliente. JORGE PARÍS

A pesar de ser una práctica muy habitual entre la sociedad desde las últimas décadas, los primeros tatuajes se realizaron en África entre los años 3351 y 3017 a.C., según un estudio del British Museum. Sin embargo, más allá de su historia milenaria, ¿cómo actúan las células de la piel al hacerse un tatuaje? Un grupo de investigadores franceses parece tener la respuesta a esta pregunta.

Según un estudio publicado por el Journal of Experimental Medicine, los científicos han descubierto que las células inmunitarias de la piel engullen los cristales de tinta, los "vomitan", siendo devorados de nuevo.

Los macrófagos

Estas células, llamadas macrófagos, son las encargadas de eliminar residuos extraños que se introducen en el organismo, y las que absorben el pigmento de un tatuaje creyendo que se trata de un patógeno invasor.

Los macrófagos conservan la tinta dentro de sus membranas manteniéndola visible, pero cuando mueren la liberan, dejando que otras células inmunitarias absorban la tinta de nuevo. Se trata de un ciclo se repite una y otra vez, razón por la que un tatuaje es para siempre.

No desaparecen pero se difuminan

Los investigadores usaron varios experimentos para observar el comportamiento de estas células. En uno de ellos, tatuaron la cola de unos ratones para eliminar luego a los macrófagos que habían absorbido el pigmento, repitiendo el proceso varias veces, y comprobando que las células muertas liberaban la tinta.

Este proceso explicaría por qué los tatuajes se difuminan o pierden su contraste con el paso de los años, ya que durante el proceso puede que pequeñas cantidades de tinta se vayan eliminando.