Gus Hernández  Humorista

¿El tomate frito industrial debería usarse para tatuar?

Imagen de archivo de tomate frito.
Imagen de archivo de tomate frito.
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Entre los llamados problemas del primer mundo están las bajadas de los mercados internacionales, el cambio climático, el regreso de las riñoneras como complemento y el colorante que le echan al tomate frito de bote. Que no se diga, señora, que no trato yo temas de calado.

Tenía yo en la mesa del salón un hule bueno recién comprado en un bazar chino, un hule bueno, un hule premium, de los que hacen que Isabel II mire los manteles de seda de Buckingham y piense "qué mierda, ojalá tuviera un hule bueno".

Un día, en un momento de necesidad (era joven, no sabía lo que hacía necesitaba el dinero) puse sobre ese, mi hule, unos macarrones aderezados con tomate frito industrial de una marca que no citaré (primero, por no haberme pagado y segundo, porque me incomodan las demandas millonarias por difamación).

Uno de los pequeños seres humanos que se iban a comer aquellos macarrones quiso comprobar el funcionamiento de la gravedad y sin afectación ninguna dejó caer macarrones entomatados sobre mi petrolífero mantel.

Y catapum. Se quedó la mancha. Pasé una bayeta, pasé un estropajo, pasé una lijadora industrial de grano gordo, pasé hasta una estampita de la Virgen del Fairy con mucha devoción y no se iba.

Y ahí, a mi mente desestructurada vino una pregunta. La llegada de tan profunda cuestión pudo producirse, he de reconocer, porque por lo general el saber no ocupa lugar, pero en mi mente, el saber no encuentra lugar.

¿De qué leches está hecho el tomate que te tiñe una cosa y no sale jamás?

Si tú haces tomate frito casero y se lo echas a unos macarrones se quedan sonrosados como las mejillas de Peppa Pig, pero si les echas tomate frito industrial se quedan tan rojos que los puedes engarzar y regalarle un collar a tu madre por el día de la ídem.

Si a Ramsés II le hubieran maquillado con tomate frito aún tendría rubor rojo en las mejillas. El rojo de aquellos macarrones ponía contento al payaso de Micolor. ¿Era tomate frito o Titanlux? Es que podías pintar el casco de un barco con ese tomate y no se te pegaban las lapas siquiera.

La Alhambra significa en árabe ‘La Roja’, ¿por el color bermellón de sus muros? No, porque a Boabdil, el Rey Chico le encantaba comer arroz con tomate de bote.

Empiezo a pensar que los tatuadores pierden dinero usando caras tintas artificiales cuando podrían ir al supermercado a por una oferta de tres tetrabriks por dos euros de salsa roja indeleble con lejano sabor a tomate.

Ahora, esa mancha roja en mi hule me recuerda a diario lo fugaz de lo nuevo, lo pasajero de lo prístino y, sobre todo, el por qué los padres de antes ponían a los retoños a comer en la mesa de los niños, lejos de los ajuares caros.

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