Los mejores trucos para potenciar el efecto de las mascarillas faciales y sacarles todo el partido

Mascarilla facial de celulosa.
Mascarilla facial de celulosa.
PEXELS

Las mascarillas faciales son uno de los cosméticos más adorados y odiados a partes iguales. Aunque para los amantes de la cosmética coreana son un imprescindible en su rutina semanal, lo cierto es que todavía quedan personas que se resisten a incorporarlas porque o bien no tienen el tiempo suficiente, o piensan que son una perdida de tiempo y dinero porque "no funcionan".

Esto es un pensamiento bastante común, ya que, en ocasiones, puede que no den los efectos deseados en la piel. Muchas veces compramos una mascarilla facial que nos promete una gran hidratación o una buena limpieza a fondo, pero al retirarla no se ven los resultados. Sin embargo, puede que no todo sea culpa de la mascarilla.

Algo imprescindible a la hora de realizar este tratamiento es pensar que, evidentemente, es un tratamiento de belleza, por lo que hay que seguir los pasos previos que nos harían en cualquier cabina para sacar su máximo potencial: limpieza y peeling.

La limpieza, ya sea con agua micelar, jabón o doble limpieza, es indispensable para que los activos penetren en la piel. La polución, sebo o maquillaje actúan como una capa, impidiendo que los ingredientes de la mascarilla se repartan de manera uniforme y surta efecto, dejando a la piel opaca y sin brillo. Por este motivo, aunque no hayamos salido de casa ni nos hayamos maquillado, hay que limpiar siempre la piel.

El siguiente paso es un exfoliante para eliminar las células muertas y que los componentes de la mascarilla puedan penetrar mejor en la piel, al igual que con la limpieza, pero de forma más profunda. Aunque el rostro se suele exfoliar con la toalla o nos hayamos exfoliado la piel otro día de la semana, siempre es recomendable exfoliarse antes de aplicarse la mascarilla.  Por supuesto, de una forma suave y con activos respetuosos con cada tipo de piel para no irritar.

El siguiente paso es escoger una mascarilla para nuestro tipo de piel. Puede parecer obvio, pero si tenemos una piel joven, no sirve de mucho una mascarilla antiedad o una mascarilla purificante para pieles que no tengan acné. Aunque la piel pasa por muchas etapas, siempre es recomendable tener dos mascarillas que valen para todas: una hidratante y otra iluminadora.

Es muy importante seguir las instrucciones del fabricante sobre el tiempo de uso, ya que es el mínimo que necesita para que haga efecto. Depende del tiempo que dispongamos, podemos encontrar de 5 minutos -como las Ampoule Mask de Garnier- hasta las que se dejan toda la noche -como la Aqua Bomb Sleeping Mask de Belif-.

Una vez pasado el tiempo necesario, se retira la mascarilla y se masajea el exceso hasta su total absorción o, el el caso de ser de arcilla, se enjuaga hasta que no quede ningún rastro. Siguiendo estos pasos, ya no va a haber ninguna mascarilla que se nos resista y podremos disfrutar al 100% de todos sus beneficios.

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