Una mujer trans de 64 años lanza un mensaje a toda la comunidad LGTBIQ+: "No dejes que nadie te diga quién eres"

Mary Elizabeth Power.
Mary Elizabeth Power.
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Después de vivir públicamente durante 64 años como un hombre, Mary Elizabeth Power se declaró transgénero y, además, explicó cuáles habían sido las partes más complicadas y las mejores de este camino. La mujer, que se crio en Texas, tenía solo cuatro años cuando se puso uno de los vestidos de su hermana pequeña mientras jugaba. Cuando su padre la vio, le golpeó por usar ese atuendo y rápidamente aprendió que en su familia "no estaba bien que los niños usaran vestidos".

Sin embargo, el hecho de que su familia le prohibiera usar vestidos no cambiaba lo que Mary había sentido al utilizar la prenda, por lo que, desde ese momento, "oraría todas las noches para que Dios la convirtiera en una niña". En una conversación con UNILAD, la mujer recordó cómo se había abierto paso en la escuela primaria y en la secundaria sin saber cómo expresar, ni siquiera ante sí misma, cómo se sentía acerca de su identidad. Sabía que no era gay por no le gustaban los chicos, pero aun así sentía que "nunca encajaba realmente".

A los 19 años, cuando todavía estaba en la universidad, Mary optó por "darle una oportunidad a todo el asunto de los hombres" y se casó, comenzando lo que definió como "nueve años difíciles". Mary y su pareja tuvieron "tres hijos maravillosos", pero se terminaron divorciando cuando Mary tenía 30 años. En ese momento, Mary comenzó a cuestionarse si podía "seguir ignorando la verdad" acerca de quién era. Cuando vio un anuncio en el periódico que ofrecía información a personas transgénero, no lo dudó y marcó el número que proporcionaban.

La persona que atendió a Mary la convenció de que fuera a un grupo de apoyo y, por primera vez, Mary salió a la calle vestida con ropa de mujer. Antes, se había vestido en secreto con prendas y ropa interior de mujer, pero solo cuando estaba sola. Se afeitó las piernas y las axilas aunque, en algunos momentos, se sentía abrumada por la culpa y dudó si acudir a la cita o no.

La reunión con el grupo de apoyo marcó un antes y un después para Mary que, por primera vez, "realmente admitió ante ella misma que era trans". Pero sintió que "no tenía agallas para continuar" en ese momento y decidió casarse de nuevo con su segunda esposa para, unos años más tarde, volver a divorciarse.

"Durante mucho tiempo, después de aceptarme a mí misma, trataba de negarlo. Me criaron como bautista del sur, así que fue un pecado. Descubrí los juegos de rol y más tarde los videojuegos en los que podía 'fingir' ser una mujer y aun así sentirme segura", comentó Mary acerca de cómo luchó por mostrar su verdadera identidad. "Le diría a las personas que vieron mis avatares que disfruté mirando a una chica bonita mientras jugaba".

A los 55 años, Mary regresó a Texas para vivir con su hija mayor y estar más cerca de sus otros hijos y nietos. Cuando se trasladó a su propia casa, comenzó, de nuevo, a vestirse como una mujer cuando estaba sola. Esto siguió así durante un tiempo hasta que, un día, la hija de Mary, que es terapeuta, fue a verla y Mary decidió contarle lo que le sucedía. Por fortuna, la hija de Mary fue muy receptiva y se mostró feliz por ella. Además, la animó a salir en público siendo ella misma.

Mary se sintió "encantada" durante sus primeras salidas en público, por lo que pensó que "no podía aguantar más" y, antes de que decidiera "comenzar oficialmente a vivir a tiempo completo" como mujer, les dijo la verdad al resto de sus hijos y nietos.

Cuando estaba lista para mostrar al mundo quién era realmente, Mary se reunió con un abogado para poner en marcha un cambio de nombre y de género legal. Programó una cita con un médico y solicitó un certificado de nacimiento enmendado. Todo iba bien, por lo que Mary decidió contar a su familia su gran paso. Sin embargo, sus hermanos "se negaron a aceptarlo". No querían "tener nada que ver" con Mary al descubrir que era transgénero, ante lo que ella se sintió "desconsolada" porque no la aceptaban tal y como era.

Lejos de echarse atrás, Mary optó por apartar a sus hermanos de su vida, aunque sí confesó que estos siguen tratando de hacerla "entrar en razón". Como si pudiera cambiar su verdadera identidad. Además, pese a que Mary explicó que la parte más complicada del proceso fue "simplemente tener las tripas" para decírselo a su hija, después pudo disfrutar de la mejor parte: "La sensación de que el peso se le quitaba de los hombros y la alegría de, por fin, mostrarse como mujer".

Mary lanzó un consejo a otras personas que puedan estar luchando con su identidad: "No dejes que nadie te diga quién eres. Cuando te encuentres cayendo por un acantilado, es mejor que intentes aprender a volar".

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